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Haití

Haití

Chiqui Vicioso

(I)

La primera vez que viaje a Haití fue en 1977. Me invito la socióloga Isis Duarte, quien estaba colaborando con un estudio realizado por unos sociólogos belgas.

Allá nos recibió el también sociólogo Jean Marie Theodat, mulato casi blanco de la burguesía haitiana, cuya tía tenía una pensión muy bonita. Con el viajamos por todo Haití, en un viaje académico y turístico que me marco de manera permanente.

Recuerdo que lo primero que llamo mi atención, cuando arribábamos a Puerto Príncipe, fue un mercado de mujeres, cientos agachadas, vendiendo cualquier cosa, con pañuelos de colores en las cabezas, un cuadro impresionista multicor. Por eso, desde ese entonces, Haití es para mi un nombre de mujer, de la mujer más sufrida de América y posiblemente del mundo.

De esa visita surgió mi poema a Haití:
Haiti te imagino virgen antes de que piratas precursores te quitaran tus vestidos de caoba
y te dejaran así/ con tus senos redondos al aire/ y tu falda de hierba desgarrada
apenas verde/ marron timida.

Haiti/ te imagino adolescente olorosa a Vetiver/ tierna de rocío/ sin esa multitud de cicatrices/ con que te integraron al mercado de mapas/ y con que te ofrecen multicolor/ en las aceras de Puerto Principe/ en Jacmel en San Marcos/ en el Artibonite en un gran baratillo de hojalata.

Haiti/ caminante que afanosa me sonries/ interrumpiendo siestas de veredas aplastando piedras/ asfaltando polvo
con tus pies sudorosos y descalzos.

Haiti que tejes el arte de mil formas y que pintas las estrellas con tus manos por ti entendi que el amor/ y el odio como tu se llaman.

En Haití, los pobres sobreviven con menos de dos dólares al día, y desde que se atrevieron a derrotar el sistema colonialista y racista europeo se ganaron el odio de los esclavistas (el gobierno de Estados Unidos se negó a recibir una delegación de la naciente Republica Haitiana y Jefferson, si, ese mismo, dijo que los esclavos libertos de Haití eran una plaga que había que evitar para que sus esclavos no se contagiaran).

Francia, con su “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, le cargó un impuesto para “resarcir las perdidas de sus colonos y dueños de ingenios” que impidió que el naciente gobierno pudiese aplicar las reformas que eventualmente convertirían a Haití en una nación libre, prospera.

Hoy Macron, empeñado en reelegirse, tiene como sola preocupación que la ultraderecha, liderada penosamente por una mujer, le gane la partida, mientras se hace el sordo y ciego frente al reclamo de la responsabilidad histórica que Francia tiene con Haití desde que depredó sus montañas de caoba y convirtió la mitad de Quisqueya en un gigantesco desierto.

¡Pobre otrora glorioso Haití!.

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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