La muerte del presidente de Haití, Jovenel Moise, ha profundizado la crisis del convulsionado país que sigue sumergido durante décadas en un laberinto, sin soluciones ni perspectivas de convivencia, con una ausencia total de reglas de derecho que regulen tanto las relaciones del Estado con las personas como los tratos y vínculos entre sus habitantes, estableciendo normas del derecho público y privado.
El magnicidio tiene amplía repercusiones que afecta directamente a la República Dominicana, y favorecen los macabros planes de algunas potencias, en connivencia, con personajes prohaitianos, que promueven una agenda que incluyen la creación de campos de refugiados y la posterior unificación de la isla, toda vez que ni las intervenciones militares que han asumido la administración de la parte occidental del territorio insular, ha podido instaurar allí el orden entre sus ciudadanos y los principios políticos en que descansan las estructuras y directrices de un Estado democrático, enmarcado interna y externa, dentro de las disposiciones que rigen el orden público y privado.
Hay innumerables versiones sobre la muerte en su residencia del presidente Moise, y la más socorrida es que indica que fue ejecutada por la CIA, el poderoso organismo de inteligencia mundial de los Estados Unidos que tiene licencia legal para matar, cuando sus lacayos se salen de su control y no obedecen sus pautas, una situación que se estaba registrando en Haití , donde el principio de la separación de poderes no estaba funcionando, por lo que el mandatario asesinado gobernaba por decretos, excediendo del límite de su mandato, desobedeciendo los mandatos de sus patrones extranjeros.
Esa misma situación ocurrió con Trujillo, donde la CIA, metió sus manos para acabar con una dictadura que ya no podía controlar, pues el tirano intentó guardar distancias con el poder norteamericano, episodios que se han repetido en América Latina y hoy siguen vigentes, de manera abierta descarnada, con Venezuela y Nicaragua, cuyos gobiernos han resistidos todas clases de conspiraciones.
Haití arrastra problemas de gobernabilidad desde los mismos días de su independencia él en año 1804, cuando una población de esclavos africanos se liberó del yugo de Francia y se quedó con el dominio de un país enclavado en el continente americano.
Por: Hugo Ysalguez
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