Los maestros han debido ser los primeros en entonar la vieja canción escolar con que se motivaba a los estudiantes para iniciar la docencia, que entre sus estrofas decía -A la escuela/ que ya es hora/ de empezar nuestro deber-.
La realidad mostrada por la pandemia del coronavirus demanda olvidar los pretextos para salvar lo que se pueda de un año en que no obstante los 62 mil millones invertidos en formación, computadoras, internet, servicio de electricidad y la contratación de estaciones radiales y canales de televisión para la educación virtual y a distancia el resultado pinta un obvio fracaso .
Estados Unidos, que es mucho decir, ha enfrentado grandes problemas con el modelo de educación que impuso la pandemia. En medio de la desesperación las autoridades escolares, para salvar lo que se pudiera, tuvieron que ingeniárselas para buscar puntos de acceso inalámbricos, llegar a acuerdos con compañías de cable e incluso crear sus propias redes.
La asistencia federal, de gobiernos locales y filántropos jugó un papel de primer orden, pero no impidió que millones de estudiantes todavía afronten obstáculos financieros y logísticos con el sistema de enseñanza virtual. Si la primera potencia económica del mundo ha tropezado con problemas técnicos y financieros ¿qué le dejan, entonces, a República Dominicana?.
La realidad económica y social ha obligado al diseño de una estrategia que combina la enseñanza virtual y a distancia para que los estudiantes no perdieran el año. No hay que esperar la evaluación para conocer el resultado del esfuerzo.
Basta con saber que la conectividad y las señales de internet son deficientes hasta en la ciudad, en tanto el hacinamiento y las precarias condiciones de muchas familias dificultan, por no decir imposibilitan, que los estudiantes puedan aprovechar la educación radiofónica o por medio de la televisión.
El cuadro que presenta la sociedad dominicana es en sí mismo muy elocuente para entender de una vez y por todas que la educación presencial o semipresencial es una necesidad. La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) no debe buscar más pretextos para demorar el retorno a las aulas.
Si lógicos reclamos como la vacunación de los educadores y el acondicionamiento de las instalaciones sanitarias de los planteles han sido satisfechos el gremio debe cooperar para que el 6 de abril próximo los estudiantes, sobre todo esos estudiantes que no han debido aprovechar ni un 5% del actual sistema, vuelvan a encontrarse con sus compañeros y maestros en un ambiente diferente del que han sido condenados por las circunstancias. Para esos muchachos la docencia presencial constituye hasta una necesidad. No entenderlo es ignorar la realidad.
Por: Luis Pérez Casanova
l.casanova@elnacional.com.do

