Israel inició la ocupación de la Franja de Gaza, en una segunda etapa de la guerra contra Hamás, “que va a ser larga y difícil”, como ha advertido el primer ministro Benjamín Netanyahu, un drama que la presidenta de la Cruz Roja Internacional ha definido como “fracaso catastrófico que el mundo no puede aceptar”.
El ejército israelí ha pedido a la población movilizarse hacia la zona sur de Gaza, al señalar que “esto es solo el principio”, porque “vamos a destruir al enemigo en la superficie o bajo tierra”, en una ofensiva que la ONU cree causará la muerte de miles de civiles, por encima de los 7,400 contabilizados hasta ayer.
El mundo condenó la incursión terrorista de milicianos de Hamás en territorio de Israel donde mataron a más de 1,400 civiles y militares y secuestraron a más de 200 personas, pero gran parte de la comunidad internacional considera que la respuesta de Israel a esa agresión ha sido desproporcionada.
Ante tan dramático escenario, lo que queda es insistir en que se permita un corredor humanitario que provea de alimentos, agua y medicina a la población civil de Gaza, lo que no ha sido posible a causa de la intensidad de los bombardeos y ahora de la cruenta incursión terrestre.
Los actos perpetrados por milicianos contra Israel otorgan legitimidad a las acciones militares del Estado judío para intentar destruir las capacidades políticas y militares de Hamás, pero los bombardeos sobre la población civil en Gaza se definen como catástrofe “que el mundo no puede aceptar”.
La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó con respaldo de 120 países exigir una pausa en los bombardeos israelíes contra Gaza para llevar ayuda humanitaria a 2.3 millones de palestinos, pero el ministro de Exteriores israelí rechazó rotundamente lo que tildó de despreciable llamamiento de la ONU.
Los efectos económicos y políticos derivados de ese conflicto se expandirán por el mundo, con secuelas de disrupción del comercio internacional, alzas de precios y riesgo de terrorismo en grandes metrópolis, por lo que gobierno, clase política y sector productivo dominicano deberían tener ojo avizor.
El compromiso de la comunidad internacional ha de ser el de mantener su llamado a un cese de hostilidades en la Franja de Gaza para dar paso a la ayuda humanitaria, detener el torrente de sangre y abrir y promover un imprescindible canal dialogante que ponga fin a tanto horror.

