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II Guerra Mundial

II Guerra Mundial

Dantes Ortiz Núñez

Cómo Estados Unidos salió fortalecido de la Segunda Guerra Mundial

Desde la década de los años 70 del siglo XIX Estados Unidos mostró un crecimiento sostenido en todos los órdenes y se perfilaba como potencia mundial. Esa tendencia se fortaleció durante y después de la Primera Guerra Mundial. Los años de entreguerras de 1919-1939 fueron de grandes cambios económicos, tecnológicos y políticos en Estados Unidos, Europa, en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y en Asia. Esas transformaciones serían determinantes en la Segunda Guerra Mundial y en la post guerra.

La dinámica del constante crecimiento de la economía norteamericana estaba asentada en la producción industrial, en la revolución agrícola que se desarrolló desde mediados del siglo XVIII y en la llegada de millones de inmigrantes que además de integrarse a la producción redimensionaron el mercado interno con la expansión del comercio y los servicios llevados a todos los confines del país y del exterior consolidando los perfiles de potencia mundial.

La sociedad estadounidense se transformó con la producción de acero, líneas ferroviarias, exploraciones petroleras, producción de automóviles, construcción de rascacielos, fortalecimientos bancarios, políticas institucionales y poderío científico y militar.

En Europa los países del norte registraron gran auge industrial y mercantil, pero ninguno alcanzó los niveles que ostentaba Gran Bretaña, solo Alemania la desafiaba en atención a su desarrollo industrial, auge comercial y agresividad política.

Para mantener su primacía en Europa y sus colonias, los ingleses necesitaron aliarse a Estados Unidos, agenciarse recurso y, para ello, transfirieron a Norteamérica gran cantidad de oro a cambio de ser asistida en varios renglones. Sus acuerdos se enmarcaban en la Alianza Atlántica y lo más significativo de ella fue trabajar para que Alemania se involucrara en una guerra que le hiciera perder los logros que había obtenido e impedir que llegase a pactar acuerdos con Rusia.

Inglaterra tenía la mayor cantidad de reservas de oro y de colonias, una producción física competitiva y un sistema bancario que lideraba las finanzas mundiales, pero venía perdiendo terrenos frente al desarrollo de Alemania y Estados Unidos; pero, tras la Primera Guerra Mundial los resultados fueron muy desfavorables para los germanos, y así, se eliminó al más agresivo y temido competidor de la Alianza Atlántica.

Estados Unidos recibió parte de los ahorros europeos durante y después de la Primera Guerra Mundial, pasando a ser la capital financiera mundial, pues desde el 23 de diciembre de 1913, el presidente Woodrow Wilson había creado la Reserva Federal y con la avalancha de capitales recibido Wall Street se erigió en el poder rector de la sociedad.

En 1929 se desató la crisis económica que quedó registrada como la más importante de las que había conocido el sistema capitalista hasta entonces y, dado que ya Estados Unidos era el epicentro del sistema lo que allí ocurriera repercutía necesariamente a nivel mundial, y en efecto, así ocurrió. El comercio entre América Latina y Estados Unidos disminuyó significativamente y el de Europa con África y Asia por igual se trastocó. La crisis llevó a la quiebra a miles de entidades financieras, cierre de fábricas y los efectos sociales, especialmente para los trabajadores, fueron catastróficos. La merma en la producción y comercio internacionales acrecentaron los enfrentamientos entre las potencias imperialistas. La carrera armamentista recrudeció en todas partes y crecieron los ataques contra la URSS, acusada de tener demasiado territorios y recursos.

En marzo de 1933 da inicio la gestión de F.D. Roosevelt y comenzó la superación de los efectos negativos de la crisis económica que sacudía al mundo; el gobierno tomó múltiples medidas para dinamizar el aparato productivo, diseñó nuevas políticas para América Latina, fortaleció instituciones, y, lo más importante, continuó trabajando en el anhelado proyecto de llevar a su país a la condición de primera potencia mundial.  

Roosevelt creó el Estado de Bienestar al aplicar las recomendaciones del economista británico John Maynard Keynes, quien recomendó que el Estado debería invertir en obras públicas para dinamizar la economía, se debía proteger la niñez, establecer las condiciones para que los adultos trabajasen y garantizar la seguridad a la vejez. Así surgió el Seguro Social. Todo ello, concitó una masiva integración de la clase obrera y gran parte de la ciudadanía al sistema socio-político, dotando al capitalismo de altos niveles de legitimidad con lo que éste se fortaleció en su enfrentamiento frente el modelo socialista existente en la Unión Soviética, cuyas políticas sociales se emulaban.

En América Latina predominaban las dictaduras al servicio de las minorías privilegiadas y en Asia y África se incrementó el cuestionamiento a la dominación colonial de siglos, fortalecida desde el último reparto colonialista entre 1884-1885 en la Conferencia de Berlín. Todos esos cambios entrarían al escenario durante la Segunda Guerra Mundial y en especial en la post guerra.

Desde 1917 existía un agudo enfrentamiento entre capitalismo y socialismo y en 1933 las potencias capitalistas auparon el ascenso de Hitler al poder en la República de Weimar, con la esperanza que éste frenara las simpatías y avances socialistas. Ni las prédicas racistas, la histeria chauvinista, ni las persecuciones a comunistas, gitanos, homosexuales y judíos, fueron óbices para que la élite británica y norteamericana menguaran en su apoyo al nazismo.

Desde el poder Hitler y su maquinaria política trabajaron para recuperar Alemania de las humillaciones que significó el Tratado de Versalles de 1919, donde se reordenó Europa y se les sancionó en extremo. La política nazi en materia económica tuvo éxitos en todos los campos, y amparados en una ideología supremacista pretendieran establecer un imperio semejante al romano. Todos los indicadores macroeconómicos y sociales daban cuentas del éxito de las políticas del Tercer Reich. La derecha mundial cifraba esperanzas en una hipotética victoria nazi sobre la URSS, ignorando la realidad del peligro potencial.

En víspera del inicio de la guerra la reserva estadounidense se estimaba en más del 70 por ciento del oro del mundo; Alemania registraba gran dinamismo económico y militar con base en su industria y políticamente unificada en torno al proyecto de dominio mundial nazi. En la Unión Soviética los planes quinquenales daban indicios positivos y la industrialización se vislumbraba exitosa. La carrera armamentista continuaba en todas las naciones industrializadas, pues se sabía que la guerra era inminente. Moscú necesitaba ganar tiempo y, para ello, firmó varios tratados internacionales, pero de nada sirvieron.

Para 1939 Alemania invadió Polonia, dando inició a la Segunda Guerra Mundial, que sumió Europa en un infierno. La URSS fue invadida en la Operación Barba Roja en 1941. La contienda duró hasta mayo de 1944 y en Asia hasta agosto de 1945, cuando H. Truman ordenó el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, en Japón. Fueron seis años apocalípticos.

Estados Unidos repitió en la segunda guerra lo que tan buenos resultados le había dado en la primera: venderles a ambos bandos enfrentados; con ello, entró en otra gran dinamización de su aparato productivo, lo que le permitió acelerar la salida de la crisis de 1929 y pasar a ser la primera economía mundial, así fortaleció su poderío militar y se creó el Complejo Industrial Militar. Entre 1939 y 1941 sacó el máximo provechó comercial del conflicto. Luego le declaró la guerra a Japón y entró al escenario bélico en Europa contra Alemania.

El decurso de los acontecimientos llevó a una alianza no prevista con la URSS, tenida como la verdadera enemiga por  Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Verdadera convergencia de contrarios. En el marco de esa alianza se efectuaron varias conferencias; la de Teherán, Yalta y Potsdam, entre Roosevelt, Stalin y Churchill.

En la conferencia de Teherán realizada del 27 de noviembre al 2 de diciembre de 1943, se discutió la trascendental creación de las Naciones Unidas, pero Estados Unidos y Gran Bretaña tenían proyectos distintos para salir gananciosos de los acuerdos.

Para enero de 1944 el panorama bélico estaba claro para los dirigentes estadounidenses, pues las perspectivas les favorecían: 1) La Unión Soviética estaba a punto de vencer a los alemanes, pero no podía hacerlo sin apoyo de Estados Unidos en materia de avituallamiento; 2) Europa quedaría destrozada y sería el gran negocio financiar la reconstrucción mediante préstamos que la atarían a los Estados Unidos por muchos años; 3) Gran Bretaña, su gran aliada, no debería seguir teniendo el poder colonialista que había ostentado en el último siglo y 4) Debían crearse los instrumentos para controlar el nuevo ordenamiento geoeconómico y financiero que saldría de esa conflagración.

Entre el 4 y el 11 de febrero de 1944 se efectuó la conferencia de Yalta, donde se discutieron las bases de la nueva situación post bellum, la carta fundacional de las Naciones Unidas, el status que tendrían Alemania y Berlín, vale decir, los aspectos globales del Nuevo Orden y la descolonización. La Alianza Atlántica se imponía.

Solo Charles De Gaulle observó que la declaración dejaba varios aspectos sin resolver, que podrían ser motivo de futuros desacuerdos, entre ellos, la presencia militar de Estados Unidos en Europa, la historia le dio la razón.

Con todas las perspectivas a su favor, Estados Unidos convocó a 44 naciones aliadas a un evento que tuvo lugar en julio de 1944 en el hotel Bretton Woods. En el mismo se estableció que en lo adelante el dólar sería el instrumento para el comercio internacional con valor de 33 dólares por onza de oro y se autoerigió en garante de las reservas de oro del mundo. Allí surgieron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), sus dos mecanismos de control. Las decisiones para su proyecto estratégico avanzaban con pasos firmes.

Para cuando terminó la Segunda Guerra Mundial se creó la Organización de las Naciones Unidas (24 de octubre de 1945), 51 naciones fueron signatarias de la Carta Fundacional, pero, Estados Unidos era el único país que tenía capacidad para financiar los organismos que se crearon, pues su aparato económico e infraestructuras no sufrieron daño alguno durante la guerra, al contrario, emergió fortalecida. Se estima que en la guerra murieron entre 55 y 60 millones de personas en Europa y Asia, la URSS quedó devastadas con 27 millones de muertos, en tanto, los de Estados Unidos no llegaron a 300,000.

Las bases para ejercer el poder en forma hegemónica en el Nuevo Orden Geoeconómico y Geopolítico estaban sólidamente establecidas. Estados Unidos aprovechó las ventajas comparativas emanadas de las guerras y para la URSS concibió una política de enfrentamientos que se expresó en la Doctrina Truman, para Europa se diseñó una política de ocupación militar y subordinación económica (Plan Marshall). Para Gran Bretaña la estrategia fue de asociación subordinada. Aunque hoy nadie sabe quién dirige a quién en esa relación, por el enorme poder financiero de la City de Londres y su larga experiencia colonialista que le permiten seguir gravitando en la hegemonía global.

Desde que concluyó la guerra se puso en tención la rivalidad con la URSS, pues esta igualaba militarmente a Estados Unidos, por haber sido la gran vencedora del formidable ejército alemán, aunque a un costo altísimo.  A pesar de la extrema rivalidad, Estados Unidos y ella compartieron el dominio mundial, aunque el enfrentamiento era en todos los órdenes por la hegemonía. Ese equilibrio dio lugar al Poder Bipolar que duró de 1945 hasta 1991, llamada Guerra Fría.

Cada una de las políticas diseñadas por Estados Unidos conllevaron perspectivas de largos plazos, así como un cuerpo de funcionarios que la ejecutaran y evaluaran permanentemente. De estas tareas surgió una asociación que agrupó a miles de intelectuales del más alto nivel, pero en 1948 se dividieron surgiendo la Corporación Rand, el más importante tanque pensante dedicado a la investigación y análisis estratégicos al servicio del Pentágono, financiada por entidades oficiales y fundaciones privadas. Solo había que poner a operar la maquinaria de dominio mundial, pues Estados Unidos ganó en diseño estratégico lo que no logró en el terreno militar, así emergió como la más beneficiada de la Segunda Guerra Mundial.

Por: Dantes Ortiz Núñez

El Nacional

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