Al momento de conformar una boleta electoral, se toma en cuenta a personas que no han hecho vida dentro de las organizaciones; “sin restarles méritos a los postulantes que aspiran a que se les designe en un cargo público”.
En ese contexto se podría estar jugando a vulnerar derechos adquiridos de los afiliados de los partidos que han asumido este camino.
Esta práctica incentiva el descontento y el abandono de las filas partidarias, luchas internas y el debilitamiento de las bases.
Para los partidos políticos la aspiración más sublime, es llegar al poder: Es el fin último. Para los ciudadanos y la democracia es el compromiso social una vez alcanzada la posición. Es por ello que lo importante no es quien, sino qué y para qué.
El interés de los ciudadanos no es la presentación de una boleta con caras bonitas, figuras connotadas del medio social, con seguidores y recursos económicos vastos, es que estas sean propuestas de hombres y mujeres que tengan compromiso y trabajo social, que les duelan sus comunidades y que hagan vida en sus respectivas demarcaciones, para una mejor representación.
Los partidos han sido invadidos por una figura muy conocida en el medio político; “los outsider”, que no son más que personalidades públicas y aventureros que buscan la sombra del poder político para alzarse con un puesto, los que en las mayorías de las veces no están comprometidos con los principios y las agendas políticas de las bases que los postulan, pues ellos no son fruto de la concertación y las luchas encarnadas por las mayorías de la militancia.
Po: María Estela de León
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