Marcharán aquellos a quienes la corruptela los indigna y sienten la necesidad de hacer algo. Otros que también perciben el desfalco, no lo harán bajo la premisa de que los políticos se comportan igual y todos hacen lo mismo (en algunos casos tienen razón); finalmente hay quienes dicen que no importa que roben con tal que hagan obras. «Total, para qué marchar si el sistema nunca va a cambiar»
Ciertamente, todos nuestros gobernantes (con excepción de Duarte, Espaillat, Bosch, Caamaño), participan o son tolerantes ante este flagelo. Desafortunadamente, hoy día, esta descomposición la encontramos en todos los estamentos de nuestra sociedad. Los empresarios, políticos y militares son los más favorecidos, aunque empleados de oficinas, policías, chiriperos, etc. también la practican.
Las arcas del Estado son un botín de guerra y durante la última década todos los días nos sorprenden con un nuevo escándalo de corrupción (Sunland, 0ISOE, CEA, Tucanos, OMSA, etc); sin embargo, por el volumen y los niveles de autoridad envueltos, el escándalo Odebrecht puede ser considerado como la mayor red de sobornos de nuestra historia.
La justicia lleva los ojos vendados, avergonzada por la actuación de algunos de sus jueces, la desfachatez y actuaciones de «Yanalan», destinadas a mantener la impunidad de estos delincuentes disfrazados de gobernantes. La renuencia para investigar la intervención de Odebrecht en las campañas presidenciales y los pagos con dinero del Estado a Joan Santana, aumentan nuestras sospechas sobre la participación del «ungido» en este cartel.
«Corruptos unidos jamás serán vencidos». Hay que cambiar la percepción de que se debe gobernar y ser gobernado bajo la tutela de la corrupción. Cuando le roban al Estado, me están robando a mí, y si hay algo más molesto y denigrante que un gobernante o político corrupto, es aquel ciudadano que lo defiende. La corrupción solo se combate, cuando la cabeza es transparente, y cuando los poderes del Estado actúan de manera independiente.
¿Que nos queda? la esperanza de tener en el futuro gobernantes transparentes, valientes, capaces de hacer gobiernos que nos dejen un presente y futuro limpios de toda esta lacra social. La política y los políticos tradicionales ya cumplieron su destino, es la hora del pueblo, vamos todos a marchar para mostrar nuestra inconformidad y pedir el fin de la impunidad.

