La orden Jesuita tiene toda una tradición intelectual que la sitúa muy por encima de las demás católicas. Filosofía, sociología, antropología son las carreras que abrazan estos sacerdotes con una historia de defensa de la gente pobre. Jorge Cela no era la excepción de esa regla.
Profesor de Sociología en la UASD, me tocó el privilegio durante los años ochenta, ser monitor de una de sus asignaturas en el ya desaparecido Colegio Universitario.
Con una sonrisa radiante que combinaba con sus ojos claro, y tesis bien sustentadas, Cela desarmaba al más radical de sus oponentes, entregándose a la cátedra con ahínco y fervor.
Vistiendo pantalones jean, tenis, camisa a cuadros manga corta, llegaba a la hora señalada y hacía una sinopsis del examen que le presentaba al alumnado.
Luego se marchaba a otras secciones, y yo quedaba al mando del curso. Siempre esperaba que parte de la bien ganada aureola del cura recayera sobre mí, y seguí pie juntilla algunas de sus orientaciones.
Pero se marchó Jorge Cela. Murió en Cuba, que ahora me entero fue donde nació (Siempre pensé que era un español aplatanado).
El tañer de cualquier campana de iglesia alguna llorará la partida de Cela. Las innumerables aulas que recorrió en su periplo pedagógico junto a miles de estudiantes que saborearon el néctar de la enseñanza también le extrañarán. De nuestra parte, lo recordaremos siempre, y agradeceremos por la honrosa oportunidad de trabajar junto a él.
Por: Elvis Valoy
elvis.valoy@gmail.

