A propósito de la destitución del magistrado Julio Aníbal Suárez sobre la base de causas y procedimiento inadmisibles, el anterior presidente de la Corte Suprema, Jorge Subero Isa, miembro del Consejo Nacional de la Magistratura autor de dicha destitución, ha dado unas declaraciones que me han llamado la atención por la contradicción que encierran.
En el acta de la sesión que decidió que el magistrado Suárez no continuara en su cargo se lee que se hizo por éste carecer de los elementos necesarios de independencia e imparcialidad. No recoge la posición del Magistrado Subero refiriéndose a esos argumentos, lo cual permite colegir que guardó silencio.
El magistrado Suárez, en un gesto que lo enaltece, ha incoado una acción ante el Tribunal Constitucional y ha manifestado su disposición de llevar su caso ante instancias internacionales si fuere necesario. ¿Cómo puede un juez que se respete aceptar que lo destituyan bajo cargos tan graves, sin que se le prueben los casos en que actuó sin independencia y con parcialidad?
Los abogados del destituido se han referido a la conducta asumida por sus pares dentro del CNM, los Magistrados Jorge Subero y Víctor Castellanos, resaltando que su compromiso con la verdad y la justicia iba más allá de lo esperable de los políticos que conforman ese organismo.
Ante esa declaración, el doctor Subero reaccionó diciendo que no conoce la palabra cobardía, que no firmó el acta de la sesión, que empeñó su palabra en no divulgar detalles y que para él Julio Aníbal Suárez es el más completo abogado laboralista del país. Esas son las cosas que califico de contradictorias.
Si se tiene esa valoración sobre el doctor Suárez, el coraje vendría dado en haber asumido en ese momento una posición cónsona con ese juicio. No haber firmado el acta no es un gesto reivindicable, mejor habría sido suscribirla dejando constancia de sus criterios. En cuanto a la palabra empeñada, esto no es un mérito en sí mismo. Apuesto al compromiso verbal, pero siempre que proteja asuntos valiosos y dignos. Nada puede justificar un atropello como el que se cometió contra un juez de quien no se puede negar su positiva trayectoria.
Cada quien tiene derecho a priorizar sus particulares objetivos. Eso sí, con frecuencia corre el riesgo de no alcanzar los propósitos personales y quedar expuesto como alguien sin apego a los supremos valores de la justicia, la solidaridad y la verdad.

