Plagiada de una muñeca alemana en 1959, la Barbie se ha convertido en el icono famoso que nunca pasa de moda en estas sociedades hedonistas, consumistas y narcisistas, en donde ni la niñez se libera de esta fiebre de gastar a diestra y siniestra en todo el globo terráqueo.
Precedida por una aparatosa campaña publicitaria que encandiló a la infancia desde los años sesenta, a la Barbie como mercancía rentable de oferta y demanda le inventaron el Ken, muñeco varón que vino a jugar el “rol” de compañero de la exitosa rubia mercadeada con multimillonarios resultados por Mattel.
Pero como en estos tiempos no hay espacio para las exclusiones y la discriminación, y las empresas inteligentemente saben adecuarse al mercado con propuestas que se enmarquen en las creencias y actitudes de la gente, la nueva Barbie increíblemente se presenta al público en su 60 aniversario con alopecia y vitíligo.
Los modelos racistas de la belleza griega que la industria hollywoodense y la gran empresa impusieron como estereotipos por siglos están llegando a su fin, y en ese contexto es que debemos ver tanto a las pasarelas, las cuales se han hecho más diversas, como a la nueva Barbie que comienza a “pisar tierra” asumiendo caracteres de las personas común y corriente.

