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La cultura es un asunto de todos
RD un Estado sin política cultural

La cultura es un asunto de todos<BR>RD un Estado sin política cultural

“Toda persona podrá, sin sujeción a censura previa, emitir libremente su pensamiento”. Constitución de la República.

El  primer diagnóstico sobre las políticas culturales del Estado dominicano se realizó en 1979.  En ese entonces,  Amadeo Julián y Marcio Veloz Maggiolo fueron la contraparte dominicana para el estudio realizado por la (Unesco), concluyendo que las “instituciones culturales estatales se caracterizaban por la dispersión, duplicidad,  elitismo y la concentración de recursos en la Capital del país, recomendando la creación de un instrumento que las cohesionara”.

A treinta años de ese diagnóstico, la Secretaría de Estado de Cultura no ha conseguido reunir a las instituciones culturales dentro de un sistema que elimine la dispersión,  una red donde fluya la acción cultural. 

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Tristemente la cultura la maneja la estulticia y las humoradas, ante la inexplicable aquiescencia de intelectuales.

Los recursos públicos invertidos en este sector han estado restringidos al espectáculo.

La Secretaría de Cultura ha fracasado porque no tiene recursos para el Museo del Hombre hacer investigaciones.

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Por el contrario, se ha creado un amasijo de entidades y duplicidad de funciones, tal es el caso del Sistema Nacional de Bibliotecas  Móviles (inmovilizadas en el patio del Archivo General)  sin ninguna relación con la Biblioteca Nacional que se sigue rigiendo por una ley modificada por la 41-00, que crea la SEC  y ahora por la nueva ley del libro. 

El Consejo Presidencial de Cultura, creado por el Poder Ejecutivo en el primer gobierno del doctor Leonel Fernández, peinó las provincias del país, realizando un  estudio participativo de las instituciones culturales a nivel nacional.  Ese trabajo, que tuvo un costo considerable y arrojó unos resultados, fue echado al zafacón de los tantos proyectos truncos.

La Secretaría

Creada la Secretaría de Estado de Cultura mediante ley del cinco de julio del 2000, estrena su primera estructura burocrática en agosto de ese mismo año. Se conforma  el Consejo Nacional de Cultura que inmediatamente propone la realización de un  Plan Decenal de Cultura  (2003- 2012).  Con la meta de crear el Sistema Nacional de Cultura constituido por los Consejos Provinciales,  el entonces secretario, licenciado Tony Raful, hizo lo correcto en la fase inicial: diagnóstico y planeación.

Los Consejos Provinciales, de existir, hubieran descentralizado la gestión cultural oficial, creando una estructura  colegiada  para una justa distribución de los recursos.  Pero las finanzas han seguido concentradas en la sede.  Los Consejos Regionales son hoy inexistentes y las Casas de Cultura han sido suprimidas. No hay ninguna política nacional.

El centralismo y el elitismo llegan a condensarse, en quienes han manejado esta cartera, privilegiando la imagen pública sobre los proyectos reales. Pero lo peor es que el sector espera todavía la ejecución de un plan organizativo que eficientice los recursos que se destinan al mismo. Hubo momentos en que la SEC recibió aumento en su presupuesto cuando a otras secretarías se les recortaba, lo que evidencia el interés del Ejecutivo por dinamizar el sector.

Empero, proyectos como las escuelas libres, fueron auxiliadas por el propio presidente con una partida especial, luego de que su director padeciera la exclusión y el vejamen por dos largos años. El festival de teatro, pospuesto en varias convocatorias, la Cinemateca estuvo buscando recursos en Palacio;  la Subsecretaría de Diversidad Cultural estuvo sin oficina ni secretaria, y el Museo de Arte Moderno ha tenido que recurrir a un voluntariado para seguir, sin acondicionador de aire, haciendo pan de nada.La Cultura por definición es la suma de lo que somos y no se puede manejar  como un club privado.  No es posible asumir aquello que da al hombre su condición de tal, en el estrecho marco del prejuicio. Los investigadores, gestores y animadores, saben que no son los manipuladores de la acción cultural, sino instrumentos al servicio de su difusión y puesta en escena internacional como la marca identitaria del país.

La Secretaría de Estado de Cultura ha fracasado, si asumimos que el Museo del Hombre no cuenta con un fondo para la investigación y la actualización museográfica; la creación de la Subsecretaría de Patrimonio no ha pasado de montar una feria artesanal, que no requiere de su participación para realizarse; mayor burocracia y dispendio de recursos, mientras la  Temporada Sinfónica, las ferias, las bienales, el carnaval, siguen -siendo indulgentes  igual que siempre. 

La ley establece que la cultura dominicana en sus múltiples manifestaciones constituye la base de la nacionalidad y de la actividad propia de la sociedad dominicana en su conjunto, y toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural y a gozar de las artes. Cuando se realizan eventos cerrados y por invitaciones exclusivas, se viola la ley.  “El Estado fomentará la creación, ampliación y adecuación de infraestructuras artísticas y culturales y garantizará el acceso de todos los dominicanos y dominicanas a las mismas”, reza la ley.

Asimismo,  considera la tolerancia y comprensión a la interculturalidad como una de sus premisas fundamentales. Privilegiar  un hecho cultural frente a otro se podría considerar una violación más. Si la Secretaría de Estado de Cultura no  impulsa y estimula los procesos, proyectos y actividades culturales en un marco de reconocimiento  y respeto por la diversidad y variedad cultural de la nación dominicana, se estaría ne gando a sí misma.

Constituye una obligación primordial del Estado valorar, proteger, rescatar y difundir el patrimonio cultural de la nación, entendiendo por patrimonio algo más que las piedras de la Catedral. Por ejemplo, no dejar languidecer los Congos sin ningún manejo institucional de rescate y apoyo, sin estímulo a la investigación para unos hombres y mujeres-Quijote que invierten sus propios recursos para esos fines.

Investigación

El Estado no ha garantizado aún la libre investigación ni ha  fomentado la formación de investigadores en el sector cultural. Los recursos públicos invertidos en este sector han estado restringidos al espectáculo, nunca han sido cuantificados ni mucho menos cotejados con resultados concretos.

 “El Estado, al formular la política cultural, tendrá en cuenta a los creadores, gestores y receptores de la cultura y garantizará el acceso de todos los dominicanos a las manifestaciones, bienes y servicios culturales en igualdad de oportunidades”. Pero todavía no se ha tomado en cuenta a los creadores y gestores. Tristemente la cultura la maneja la estulticia y las humoradas, ante la  aquiescencia de intelectuales y culturólogos.

El Nacional

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