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La diáspora

La diáspora

Chiqui Vicioso

Me comentaba una observadora de los recientes esfuerzos del presidente por reconocer a la diáspora, que es inevitable que los lazos que hoy unen a muestra emigración con el país (somos una emigración muy joven), se irán diluyendo con las futuras generaciones.

Como ha acontecido con las emigraciones italianas e irlandesas, cuyas casas vacías hoy se subastan a cinco euros (si uno las arregla) en pueblos que están dejando de existir por falta de población, porque los emigrantes pensaron que alguna vez retornarían, pero a sus hijos no les interesó nunca.

Si los lazos se diluyen con las nuevas generaciones, lo que va quedando es el folklor: el mangú, arroz con habichuelas, el merengue y bachata, el rap, entonces la isla está en problemas, porque la diáspora es la que ha asumido el gasto social del Estado Dominicano en prácticamente todos los rincones del país.

Cada vez que una viaja al interior profundo y descubre comunidades campesinas que se han “desarrollado”, es decir, donde las calles están pavimentadas, las casas mejoradas, reconstruidas, o nuevas, hay centros médicos suplidos por envíos desde el exterior, y asociaciones estudiantiles en la UASD que son financiadas por dominicanos ausentes, una confirma que la diáspora sigue siendo el respiro de todos los gobiernos, ya que suple lo que el Estado, en la mal llamada Década Perdida, dejo de asumir: el bienestar social de los y las más pobres.

Por eso siempre he dicho que en cada parquecito de esas comunidades debería haber una estatua al/a emigrante. No la que ya existe aquí y fue donada a Puerto Rico, sino algo más inclusivo de los dominicanos y dominicanas, de la familia dominicana, con la mujer como centro, y parada sobre un mapamundi, para que adquiera carácter de obra de arte.

Sé que en Nueva York se sugirió una comisión para estudiar la posibilidad de que la juventud dominico-americana venga a hacer sus estudios universitarios aquí, pero eso no funcionará si nuestras universidades no están acreditadas en USA. Conozco docenas de médicos y médicas que hoy se desempeñan como asistentes en salas de emergencia y hasta en las cocinas de hospitales porque no les reconocen los estudios, excepto, claro está, la UNPHU.

Sugiero que en la comisión que se forme para esta discusión incluyan a la experta dominicana que es hoy la única presidenta de una universidad: la Eugenio María de Hostos, con 90 por ciento de estudiantes dominicanos; y es presidenta de la asociación de todas las Universidades comunales de Estados Unidos: La Dra. Daisy Cocco DeFilippis.
Toda recomendación que provenga de sectores bien intencionados, pero sin experiencia, será una pérdida de tiempo y tiempo es lo que no tenemos.