Muy a pesar del sonado cambio hacia senderos de justicia y equidad, el gobierno ha dado evidentes muestras de que no es cierto, al menos en República Dominicana, aquello de que la política secunda lo esplendoroso y puro de la filosofía.
Y ello es así porque está gobernando sobre la plataforma política de destruir al ahora opositor Partido de la Liberación Dominicana (PLD), y para ello no escatima esfuerzos en violar cánones institucionales, e irrespetar el voto de los que fueron a las urnas en el pasado proceso electoral.
Aunque en nuestro sistema son normales las alianzas partidarias no se concibe que, con un presunto cambio a lo mejor, un partido minoritario, por esguinces políticos, pase a ser la segunda mayoría en el Senado de la República.
Este desatino se incorporará a nuestra memoria histórica como una mancha indeleble de esta gestión que, aún con las saludables iniciativas emprendidas por el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM), es una marca o afrenta sin parangón en los anales de nuestra política vernácula.
Por lo menos ya estamos convencidos que ni el Ministro José Ignacio Paliza ni el presidente del senado Eduardo Estrella, son políticos capaces. El primero, porque dijo que en mayor número de votos en las urnas (no en el senado por transfuguismo), establece cuál es el partido que le corresponde la segunda mayoría en ese hemiciclo y, subsecuentemente debe encabezar el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM). La Fuerza del Pueblo (LFP) no llegó al 5 por ciento del sufragio en las pasadas elecciones presidenciales y congresuales.
De su lado Eduardo Estrella, del que también pensábamos era un hombre de fiar, se prestó a ese chanchullo. Cuando sólo queremos estar en el poder, ¡cuánto nos cuesta ser coherentes!.
Por: Fernando De León
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