Luis Pérez Casanova
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Sobraban los indicios que descartaban la pandemia del coronavirus como obstáculo para la celebración de las elecciones pautadas para el 5 de julio. Las colas en los bancos y los supermercados, así como la afluencia masiva a los mercados agrícolas, eran una contundente señal de que la gente podía concurrir bajo el mismo protocolo a los tensos comicios. Al menos en los barrios populares, en muchos de los cuales se relaja la epidemia bajo el alegato de que es una enfermedad de ricos, no se vislumbraba el menor problema para la realización del certamen. Los factores, sin embargo, no se ponderaron a la hora de motorizar un debate sobre las consecuencias si el 16 de agosto no se habían electo nuevas autoridades.
El debate no dejó de ser importante, a pesar del deseo que evidenciaban algunos expositores. Mientras unos entendían que el presidente Danilo Medina está facultado para continuar en el poder para evitar un vacío institucional, otros opinaban que el titular de la Junta Central Electoral (JCE) era quien tenía que asumir el mando hasta la elección de las nuevas autoridades. La posibilidad de que volvieran a posponerse las votaciones a causa de la crisis sanitaria, como abogaron incluso representantes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) mostró un aparente vacío, del cual, para evitar futuros conflictos, tendrán que ocuparse en su momento los nuevos congresistas.
Pero todos los nubarrones que pudieran ensombrecer el firmamento quedaron prácticamente despejados con la polémica “fe en la tormenta”, la peregrinación con una cruz a cuesta desde Villa Altagracia hasta Puerto Plata encabezada por Migdomio Adames. En su recorrido a Adames se le sumaban personas que creían en verdad que con oraciones y rituales se podía eliminar la enfermedad. La multitud que lo acompañó en las ceremonias en Piedra Blanca, Bonao, La Vega, Santiago, Imbert, Altamira, Maimón y Puerto Plata indica que hacer una fila para votar es lo menos. Como la gran cantidad de personas que se congregó en la Novia del Atlántico, donde el peregrino clavó la cruz, así piensa mucha gente.
Si bien la JCE jamás dejó de trabajar en la organización de las votaciones el ambiente que se creaba, tras el coronavirus y el antecedente con la suspensión de las pautadas para el 16 de febrero, planteaba sus preocupaciones. Ante la presente atmósfera no se puede predecir la concurrencia a los venideros comicios, pues aunque no exista el menor riesgo de contagio, muchos no se expondrán. Pero con un bien delineado cronograma se puede garantizar un sufragio superior al 47% que lo hizo en las municipales de marzo. Aunque haya quienes votarían hasta bajo una lluvia de balas, al Peregrino hay que reconocerle su contribución en cuanto a despejar más el panorama.

