La tranquilidad y seguridad de Haití, parte de la eliminación de las pandillas. Con la virtual guerra civil de baja intensidad es demasiado optimismo el hablar de elecciones, a corto o largo plazo.
Para el secretario general de la OEA en la hoja de ruta haitiana está la convocatoria a elecciones tan pronto como el venidero año. Plantearlo parece una locura.
Lo que Haití necesita no es una esperanza futura de celebración de elecciones, sino apaciguar el país, y para ello hay que eliminar a las pandillas. Haití es hoy una nación neo-nata, fuera del concierto de los países civilizados del continente. El secretario de la OEA, Albert Ramdín, luce demasiado optimista al analizar a un conglomerado que está al borde del infierno. Si está claro que necesita la ayuda de todos los países del continente.
Ël tira la responsabilidad de las decisiones armadas a la Organización de las Naciones Unidas, a los países de la región y a otras fuerzas, que podrían ser las grandes potencias. La OEA no puede evadir su responsabilidad en el caso haitiano y tiene desde ya que pensar en soluciones que sean viables.
Pero es imposible que se ponga fin a la violencia, si de por medio no hay el apoyo y la consistencia de los Estados Unidos. De un solo plumazo, los norteamericanos pueden pacificar a Haití.
Para la República Dominicana la crisis haitiana tiene que ser vista con mucha atención. No puede el país involucrarse en lo que pasa al otro lado de la frontera. Ni permitir en territorio nacional el establecimiento de campamentos de refugiados.
Los refugios humanitarios para tratar a los damnificados de la guerra civil serían peligrosos para la seguridad dominicana, y tienen que ser rechazados por todos los medios.
Las presiones de los migrantes haitianos, prácticamente todos indocumentados, pasa por las soluciones políticas y militares que tienen que tener lugar en el vecino país. A diario decenas de haitianos tratan de llegar a tierra dominicana, cruzando la frontera, pero son sometidos a tiempo.
Hoy hay cientos de miles de indocumentados en el territorio nacional, y la grandes potencias miran para otro lado. La OEA, y sus organismos periféricos, solo emiten comunicados para atacar al país por alegados tratos vejatorios a los haitianos.
La solución a la crisis haitiana no depende de la República Dominicana y es bueno que en su hoja de ruta lo tenga claro el secretario general de la OEA.
Por: Manuel Hernández Villeta