«Muchas veces me dicen, maestro, cantautor, poeta, trovador, juglar y qué se yo cuántas cosas más. En cambio yo me defino como un narrador de historias, viajes, sueños y pesadillas», esa fue casi siempre su carta de presentación.
Más que sus bellas y profundas canciones, más que sus poemas, más que su humor cáustico y su vida de trotamundos, lo que atrajo mi simpatía y respeto hacia él fue su meridiana claridad acerca de la vida y la muerte.
No menos célebres que sus canciones, fueron sus frases y diálogos con el público. Se han escrito miles de cuartillas al respecto.
Sus problemas en la vista sólo lograron apagar un poco su sincera mirada, pero esto lo reforzaba el corazón, aprovechando cada escenario para reflexionar sobre la naturaleza humana, la modernidad, lo divino, lo mediocre, el bien, el mal y la vida, de la que decía: Es aquí y ahora.
Influenciado en lo espiritual por Jesús, Gandhi y la madre Teresa de Calcuta, en literatura por Jorge Luis Borges y Walt Whitman, imprimió a su vida un rumbo espiritual de observación constante a todo lo que le ocurría, no se conformó con lo que veía y su carrera como cantautor tomó el rumbo de la crítica social.
Su asesinato, de manera alevosa y brutal es un contrasentido para alguien que odiaba la violencia, predicaba el amor, la paz y amistad.
Su canto, poesía y filosofía de la vida servirá para reedita el acto de la resurrección para acompañarnos eternamente con su obra.
No ha muerto Facundo Cabral, para el que el ser humano siempre fue primero, por ello no se cansaba en decir: «Tienes un cerebro como Einstein, tienes un corazón como Jesús, tienes dos manos como la madre Teresa, tienes una voluntad como Moisés, tienes un alma como Gandhi, tienes un espíritu como Buda. Entonces, cómo puedes sentirte pobre y desdichado.

