Significa lo último de una modalidad. De una cosa o una idea. Estamos en este momento, pues, viviendo afortunadamente de lo último, lo más reciente en materia económica y política. De la cotidianidad.
Estrenamos sorprendentes formas de comunicación digital. Estamos en presencia de comportamientos sociales inéditos. El distanciamiento nos une y las limitaciones colectivas conducen a nuevas formas de vida.
Es evidente, las prioridades han cambiado. Lo práctico se impone a la idea abstracta de lo probable. Lo cual tiene sus bemoles en razón de la necesidad de crear que induce a la humanidad a ir en busca de nuevos retos. Cobra fuerza el sentido de permanencia que nos motiva a crecer y renovarnos.
Esto no opera necesariamente en contra del avance de la ciencia y las constantes innovaciones tecnológicas que nos han traído a un mundo casi de ficción. La realidad superando la ficción.
El mundo está en presencia de comportamientos sociales inéditos
La traducción literal de state-of-the-art transcribe un plano superior y poético del arte, con lo cual el concepto nos remite a lo sublime. Lo concreto puede serlo también. Parece una contradicción o paradoja, pero no lo es.
El arte es visible y palpable, resultado del esfuerzo constante. La suma de las tareas más diversas. No se arriba a ese estado sin antes atravesar sinuosos y escabrosos caminos que llevan a la gloria. La constancia, la constancia.
“Para qué sigo vivo si todo lo que digo es tengo que hacer esto, pero no lo hago”, se reclama el Hamlet de Shakespeare. Y es que de intenciones está empedrado el infierno.
Es de Hipócrates la eterna frase: “La vida es breve; el arte, largo; la ocasión, fugaz; la experiencia, engañosa; el juicio, difícil”. Por tanto hagamos de esta, la sola vida que vivimos, un instrumento al servicio de los demás, lo único, que en verdad y justicia, le da sentido.
Por: Eduardo Álvarez
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