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Las cosas no andan bien

Las cosas no andan bien

(II)
Para evitar posteriores sorpresas, conviene seguir de cerca el ambiente de confusión que han generado muchos casos llevados a la justicia donde se sabe que, en materia de acusación las pruebas son el elemento esencial, pero hechos se han dado donde habiendo pruebas, la decisión final nos llenó de asombro.

¿Recuerdan el caso del abusador de Bani? ¿No hubo aquí la fehaciente prueba que, para vergüenza nacional, recorrió el mundo entero? ¿Es que la Ley 24-97, sobre Violencia intrafamiliar y violencia de género no estuvo clara para quienes deciden judicialmente? El abusador de Bani, por todas las diligencias a favor del delito, está suelto y feliz en su casa, y seguro de que como el dinero sigue comprando a muchas gentes, un abogado o abogada venal siempre le estará esperando.

Para no recibir nuevas sorpresas, hágase memoria del emblemático caso operación 13, Lotería Nacional, y la imborrable imagen que proyectaron esos que ahora están sueltos.

Todo el mundo vio la magistral actuación de esos actores y actrices que ensayaban la tragicómica obra del engaño, pero esto no fue suficiente para retenerlos en prisión.
El último evento a mencionar, y que también fue otro regalo de reyes, es el auto de no a lugar dado al caso de Pablo Enrique Ulloa, el Defensor del Pueblo, a pesar de que este representa una figura constitucional.

Todo el mundo vio la agresión de que fueron objeto él y los medios de comunicación, por parte de una mujer oficial de la Policía, directora del Canódromo. Ella demostró que tenía mucho poder, por lo que se colocó por encima de lo que fuera y de quien fuera. Las pruebas de la agresión fueron más que evidentes, pero los jueces solo apelaron a su íntima convicción. No midieron la dimensión del agravio repudiado por todo el mundo.

Muy diferentes a los ejemplos citados y sus beneficiarios, conozco, como la mayoría conoce, a una inmensa cantidad de infelices personas, incluso del interior del país, que han abandonado sus casos por la cantidad de reenvíos, incidentes, y otros modos de dilatar el proceso. Todo este tiempo les generó gastos económicos, energías y tiempo perdido que nadie se lo repone. Ahora solo recuerdan las puertas cerradas en sus narices, y ausencia de respuesta a sus casos.

A abandonaron su lucha legal. Para estos miles de casos, no hay debidos proceso ni debates filosóficos a su favor. Por situaciones como las que hemos traído aquí, es que pienso en el adagio que dice: “Señas en el cielo, movimiento en la tierra”.

En este caso, el cielo lo representan los honorables jueces que estando en su burbuja no les interesa el análisis derivado de la afectación social que entrañan muchas de sus decisiones.

Por: Melania Emeterio
lidiamelania31@gmail.com

El Nacional

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