La cuenta corriente de la balanza de pagos ha cerrado con un déficit superior a los cuatro mil millones de dólares en los últimos tres años, sencillamente porque el monto de las importaciones han estado por encima a nuestras exportaciones.
Los productos dominicanos mantienen los mismos destinos de las últimas décadas. Entre el 65 y el 85% de las exportaciones se dirigen a Estados Unidos. Nuestro segundo socio es Haití con un 15%, sin contar el comercio informal, que es bastante significativo. En ese mismo orden están Puerto Rico, Holanda, Bélgica y el Reino Unido. Una ínfima parte de nuestros productos se venden a Venezuela, islas del Caribe y países de Centroamérica.
Exceptuando a Estados Unidos, histórico principal socio comercial, el DR-CAFTA ha sido un fracaso. El balance comercial con los países de Centroamérica ha resultado desfavorable, debido a la falta de competitividad, por los altos costos de producción, los cuales descansan, sobre todo, en la tarifa eléctrica, combustibles caros, elevada tasa de interés bancaria y falta de facilidades al productor de parte del Estado.
Para mejorar las exportaciones se requieren políticas de estímulo a la producción industrial y agropecuaria, superando sus obstáculos para ofertar precios competitivos en el mercado exterior.
De continuar el intercambio comercial desfavorable se presiona la tasa de cambio, que no se ha disparado por los sistemáticos empréstitos en que incurre el gobierno, los cuales han servido, ocasionalmente, para cubrir déficits fiscales.
Multiplicar la deuda externa no es saludable para el futuro económico. Es una hipoteca que saldarán nuestros hijos y nietos. Lo que se impone es regular las importaciones (reducirlas) e incrementar las exportaciones, mediante políticas de estímulo a los sectores productivos, y que el país se beneficie en su balanza comercial con los mercados internacionales.

