Oscar López Reyes
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La respiración y la ansiedad
El más conspicuo pensador de la Grecia Clásica, Aristóteles, quien en sus investigaciones apeló a la medicina, apostilló que “el aire es tu alimento y tu medicamento”. Ese enunciado se comprueba cuando una bionalista exhorta a una persona a la que va a inyectar a que respire, para que se relaje, y en las clases de locución y oratoria se enseña a inspirar para controlar la ansiedad y no sentirse sofocado.
La angustia flamea ante la aparición de una enfermedad catastrófica, la presión por deudas, la incertidumbre por el futuro, un examen estudiantil, el deseo irrefrenable por alcanzar un objetivo, una entrevista de trabajo, la pronunciación de un discurso público improvisado o un virus mortal.
En vez de anclar en la bohemia, levantando el codo idílico y plácidamente por patios y bulevares licenciosos, o en un ansiolítico o fármaco para calmar la incomodidad del alma, que brota con rabieta y enreda en la adición, saludable sería resguardarse en el “pranayama” o arte del buen soplar. Prana encarna la energía, y yama la perfección.
El pranayama aliviana en el rejuego de inhalar y exhalar por la nariz, suave y lentamente, sentado en una banqueta en postura de meditación, acostado en una corcha o parado, siempre con la columna vertebral, el cuello y la cabeza alineados. Con los dedos anular y meñique tapando una fosa nasal, por la otra toma cuatro (4) sorbos de aire, retiene dos (2) y suelta ocho (8). Luego alterna con el otro orificio.
Otra técnica de control respiratorio: puesto de pie extiende los dos brazos hacia adelante y junta las palmas de las manos. Pausadamente los va abriendo y girando hacia atrás, tomando aire por la nariz, hasta llegar al centro, colocados en forma de cruz. Entonces comienza a cerrarlos, botando la brisita.
Puede comenzar con cinco minutos por la mañanita y la nochecita y, con el tiempo, duplicarla, triplicarla o cuadruplicarla. Los instructores de yoga no la recomiendan para los que han sido operados del corazón o tienen descontroladas la presión arterial.
Los autores Marietta Till, Ana del Olmo y Antonio Barrero postulan que esa práctica ventila y limpia la nariz, libera el nerviosismo, el enfado y el miedo; aumento la iniciativa y la vitalidad; ayuda a superar el resfriado incipiente y las afecciones respiratorias, la anorexia, la fiebre de candilejas, la depresión y la sensación de estar cansado de vivir.
Los que ejercitamos la yoga, acompañamos tanto las gimnasias psicofísicas como las asanas con la respiración, que capulla como un pilar ineludible de la filosofía (no religión) yogui. Practicarla diariamente exhorta a la disciplina y la fuerza de voluntad, que se facilitan cuando se alientan los estados de ánimo.

