Viejos y nuevos funcionarios, ¡ayayayyy…!
Como acontece con los cambios gubernamentales, desde el pasado 16 de agosto, algunos de los nuevos altos y hasta medianos funcionarios muestran otro comportamiento: con frecuencia se distancian de los vecinos y amigos, sus saludos se encarecen, comienzan a organizar mudanzas con miras a residencias más confortables, bloquean o cambian sus números de celulares, su sensibilidad comienza a elevarse por las nubes y peligran sus relaciones con las compañeras sentimentales.
Luego de fumigar, lavar, planchar y abotonarse el traje oficial de un difunto, comprado en un mercado de pulgas, la humildad de los flamantes burócratas se esfuma y hacen presencia las ínfulas de poder, en la joroba de la arrogancia, el engreimiento rebosante de insano orgullo y la presunción matizada de la más pura vanidad.
Ya rodeados de guardaespaldas, la inmensidad sin la más mínima justificación, exhiben un nuevo vocabulario y emplean verbos más fluidos, con gestos pomposos. En unos años retornarán tranquilos a sus asientos, muy simpáticos y locuaces, la mayoría con los mismos bienes, y unos cuantos enriquecidos ilícitamente, después de múltiples
maniobras, malos arreglos y burlas.
Ahora mismito, la incertidumbre jinetea, con el sombrero inclinado como un vaquero, en el traspatio dominicano. Y, en ese vaivén, los temores angustian y los oficios que se lengüetean en oficinas y calles colman de más inseguridades y desequilibran a los más débiles, con la mala suerte de que no cuentan con ningún “envalle” ni protección.
Esa inestabilidad se multiplica por partida doble con los movimientos y cambios de altos titulares o encargados de la administración pública, que no garantizan la permanencia de miles de empleados, y colocan en precariedad contratos y otros negocios.
Magulla el alma –que no cede ni siquiera rascándose los fondillos- ver cómo seres humanos son botados de mansiones estatales, y cómo discretamente dejan escapar sus lágrimas, porque no tendrán “bulluyos” para comprar sus medicamentos, activar las mandíbulas para engullirse los manjares que les facilita alimentar las células y pagar el
alquiler de la casa que los cobija.
“¿Quiénes te apenan más, los que han comido bien durante 16 años, o los que llevan 16 años jalando aire y, ahora con la llegada de su partido al gobierno, tienen la oportunidad de recuperar su déficit de cucharas?, respondió un cuadro político a un periodista, que enmudeció y en la silueta de la discreción se preguntó: ¿hasta cuándo…?.
Aportadores victoriosos/2020 no conseguirán los cargos codiciados, o se quedarán con las indumentarias juramentativas durmiendo el sueño eterno en los roperos, y teniendo que conformarse con verlo como un sacrificio por su candidato presidencial, y por la Patria, porque sus aspiraciones se desvanecieron o se ve volatilizaron con acetona en frasco abierto!.
Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

