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Libre pensar

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¿Por qué esa contagiosidad,  y hasta cuándo…?

Desde el 8 de diciembre de 2019, los pobladores del planeta Tierra coexisten en ascuas, por el miedo, la incertidumbre, la desconfianza y el rompecabezas de no saber cuándo, por rozar o topar a un congénere, quedarán acatarrados por un invisible y lacerante virus que tumba en la cama y sucumbe en la necrópolis.

Tres son las causales moleculares y sociológicas que fraguan la espigada tasa de penetración del virus en los tejidos humanos:

1.- Alta facilidad de infectación del virus. Para ilustrar sobre la transmisión, genetistas, infectólogos, virólogos, neumólogos y otros especialistas citan como ejemplo la llave y la cerradura: los coronavirus están conformados por una envoltura en la cual se incrustan unas púas pequeñas, semejantes a una corona, denominadas espículas.

Explican que esa llave maestra es activada por una enzima de la célula huésped llamada furina, y que la pronta multiplicación del virus radica en la inserción de cuatro aminoácidos: Arginina-Arginina-Alanina-Arginina (RRAR).

2.- Los viajes internacionales. El virus se expandió prontamente a territorios, entre ellos República Dominicana.

3.- Comportamiento social: contactos personales sin cumplir el distanciamiento físico, sin usar mascarillas ni higienizar después las manos con jabón y gel antibacterial.

¿Cuándo y cómo cesará este calvario? Especialistas de la medicina, mucho menos magos, no están en capacidad de predecir con exactitud cuándo y cómo terminará el Sars-Cov-2. Entresacando conceptos técnicos-científicos, e interpretándolos, podemos diseñar dos escenarios posibles que pondrían fin, a esta anormalidad epidemiológica.
Primero: el tratamiento efectivo con un medicamento.

Las primeras vacunas están restringidas para el personal médico, enfermos de alto riesgo y mayores de edad. Las dosis masivas (entre un 60% y un 80% de la población) serían aplicadas en el 2021 ó 2022, en un ensayo que no se tiene la seguridad de si erradicará la dolencia.
Segundo: la convivencia con el virus.

El cansancio por el confinamiento, la obligación de trabajar y acudir plazas conlleva a un contagio o -como contraindicación- a desarrollar inmunidad y que el microorganismo pierda energía. Desde 1331, numerosos virus han matado a millones, y se han hecho endémicos.

Cuando las hospitalizaciones y ceremonias fúnebres atípicas bajen a un porcentaje mínimo, como derivación de la “inmunidad del rebaño”, comenzará la transición a la nueva normalidad. Expertos están dubitativos en cuanto a una vacuna para prevenir la infección validada con ensayos clínicos muy apresurados, que sería la más rápida fabricada en la historia de la humanidad.

Los aterrorizantes rebrotes avizoran señales -aprecia la OMS- una segunda ola de contagios, y que “no vamos a conseguir la inmunidad de rebaño de inmediato”. Superadas las incógnitas, glosaremos, entreabriendo los ojos sin parpadear, las peripecias del coronavirus, en el paisaje post-pandemia más venturoso y risueño.

Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

El Nacional

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