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Libre pensar

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El santo de los periodistas Y II

La palabra oral y las hojas sueltas suplicaron y obraron, en la baza de la sotana, con pujante supremacía, en la persuasión y la convicción. La prédica de Francisco de Sales reconquistó y atrajo hacia el catolicismo de la Iglesia de Roma a más de 72 mil almas, virtuosidad que se enhebró como un referente paradigmático en la memoria eclesiástica universal.

Para llegarles refutando las ideas calvinistas, el sacerdote se ingenió la redacción de octavillas y pasquines, con noticias y mensajes en contra de “los herejes” protestantes de Juan Calvino. Escribió manuscritos, que en horas nocturnas tiraba clandestinamente por debajo de las puertas de las casas. Esos textos fueron publicados, en 1672, en el libro “Controversias”.

El 28 de diciembre de 1622, Día de los Santos Inocentes, exhaló por última vez, sosegado, a los 56 años de edad, cuando el promedio de vida era inferior a los 40 años. En 1877, el Papa Pío IX proclamó a Francisco de Sales patrono y modelo de la prensa católica, y en 1923, en la conmemoración de los 300 años de su fallecimiento, fue proclamado por el Papa Pío XI, mediante la encíclica Rerum Omnium Perturbationem, patrón de los periodistas y escritores.

Durante tres años (1594 y 1597), un antiguo plumillo (antecesor del periodismo), Francisco de Sales, periódicamente escribió a manos octavillas y pasquines contentivos de noticias y opiniones, que distribuía a hurtadillas en la oscuridad de la noche entre feligreses de El Chablais. El periódico aún no había nacido.

No fungió como reportero, pero empleó la palabra escrita para la orientación y la persuasión cristiana. Siguiendo sus pautas, 37 años después del experimento iniciado en 1594, apareció el primer periódico de Francia y el séptimo mundial, La Gazetta, en 1631, y a los 169 años (1763) fue acuñado el adjetivo periodista. Así se convirtió en un precursor de la prensa artesanal. Luego fueron publicados La Civilita Católica y L´Osservatore Romano.

Ejerció una especie de periodismo de opinión y cimentó la ruta hacia el diarismo. Los primeros redactores de periódicos no fueron reporteros, sino políticos y maestros. Sus extraordinarios dotes para escribir hojas cristianas periódicas y pronunciar sermones en los púlpitos le abrieron las compuertas para hacerse acreedor del calificativo “periodista”.

En seis roles podemos emular el ejemplo del Santo Doctor: 1) defendiendo la verdad, 2) promoviendo el humanismo, 3) amando la profesión y desempeñarla con honestidad, 4) glorificando la claridad y la vivacidad para la pureza y el encanto del idioma; 5) polemizando con argumentación y sin agraviar, y 6) implorando su protección en el mechón de tragedias y contrariedades, como consuelo para la paz del alma.

Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

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