El periodista, genuino Defensor del Pueblo
En una sociedad con tantos quebrantamientos a los derechos fundamentales de la población civil y falencias institucionales, la prensa ha sido la más alta tribuna para denunciar y corregir ultrajes, y el periodista el más tenaz, genuino y arriesgado Defensor del Pueblo. Por ese rol, muchos de ellos sufren vejámenes y la eliminación física.
Más que todas las instituciones, los periodistas se han deslumbrado como los más antiguos y prestantes baluartes en la solidaridad ciudadana.
Son un símil, en amplia longitud, del Defensor del Pueblo. Cada uno lleva en su alforja un cúmulo de experiencias, hija del sacrificio, por su apoyo/ayuda con los más desprotegidos y vulnerables.
Cuando a un poblador rural lo despojan de su propiedad acude, primero, a un medio de comunicación, igual que si un habitante urbano o metropolitano sufre una embestida física. Solicita su amparo un empleado que le quitan arbitrariamente su empleo, ronca por el auxilio de ellos un vecino sofocado por la persecución de una autoridad policíaco/militar y reclaman su socorro dolientes de un paisano que le han suprimido la vida.
Primero y después, los periodistas son el refugio de los ciudadanos afectados por desafueros. Y resulta así por su sensibilidad profesional, y porque son un poder y un contrapoder.
El periodista lamina como el más confiado y legítimo ente de intermediación. Sería un acto de justicia que uno de sus miembros con cualidades para el cargo sea escogido como Defensor del Pueblo, para actuar desde el Estado –con el respaldo de la mayoría de sus cuatro mil colegas- como un protector de la colectividad, y para darle participación jerárquica y prestancia a este sector profesional.
La figura de ese extrapoder del Estado fue creada mediante la Ley 19-01, del primero de febrero de 2001, y constitucionalizada en el 2010. Un periodista de largo batallar, apropiada formación y experiencia administrativa, académica, profesional, gremial, bibliográfica, en organizaciones comunitarias y equilibrio socio-político, merece ser el Defensor del Pueblo. Sería un reconocimiento a los periodistas, para que no se le vea tan solo como un reportero, sino como un prestante servidor del Estado.
¿Puede ser acreedor de esa alta función un periodista que, por décadas, ha trabajado por los derechos humanos, el medio ambiente, la mujer, la niñez, la juventud y la protección del consumidor, y que ha escrito numerosos libros sobre estos temas?.
Las leyes tienen que ser aplicadas sin contemplación ni autochantaje, y gobierno, universidades, gremios, fundaciones y grupos comunitarios deben acompañar a la Defensoría del Pueblo en esas campañas para darlas a conocer más, y poner en vigencia la noción del contrato social que, en 1762, propuso Jean Jacques Rousseau.
Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

