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Libre pensar

Libre pensar

Por creerse periodista, ¿qué le pasó…?

Vestía con saco y corbata, que compró en un mercado de pulgas, para parecerse a un periodista y hacer el mejor el papel de intruso en actividades nocturnas. ¡Pucha!, disfrutaba con postín en los buffets y whisky, en un mejunje con sinsabores.

Pero, ¡oh misterio de la vida!, y ¡oh castigo mundano y jamás deseado!
En vez de identificarlo como “periodista”, ladrones lo confundieron con un rico empresario, y lo dejaron moribundo en una acalorada madrugada tropical, en Villa Duarte. Pensaban que andaba con mucho dinero, pero sólo tenía 50 pesos, que no alcanzaron para pagar el carro que lo llevó al hospital.

Pasada la medianoche, Bollito llegaba a su hogar con un molestoso tufo a comida –porque andaba de actos en actos, sin ser invitado – y sus vecinos porfiaban que trabajaba como lavador de platos o como cocinero. Entendían que necesitaba una jarra de detergentes, para ellos descansar las fosas de sus narices, y así poder dormir.

Antes de acudir a las comilonas, saludaba a dos tipos que producían un programa en una emisora que se escuchaba únicamente en la cuadra donde estaba instalada, y que usaban para justificar a malhechores, calumniar e intimidar en el chanchullo.

Con los bigotes como un charlatán, era un trovador junto a sus compañeros “paracaidistas” o “pica-picas” Tragaldabas, quien se llenaba como una longaniza; Peguita: era ancho y bajito, y alzaba el codo y la copa sin aspavientos; Buche, quien aplaudía como si fuera el anfitrión, y Plato Roto, que se chupaba los dedos y limpiaba la dentadura con pedazos de cartones que recogía en las alfombras.

Estos chantajistas y extorsionadores no eran del Colegio de Periodistas, porque en la universidad no se titularon en comunicación social. Eso sí, leían la agenda de El Diario, y subrayaban los eventos que más les atraían, para asistir con el cogote más largo que una jirafa, con un letrero grande de Prensa de medios inexistentes.

  • ¿Por qué a ustedes los llaman paracaidistas? Bollito, nombrado así porque en las picaderas que escondía en su traje nunca faltaba un bollito, respondió:
  • -“Paracaidistas somos los que nos metemos a lamber a los encuentros sin que nos inviten”.
    Bollito recuerda que una vez le quitaron fundas con “sobras”, destinadas a engordar a sus perros de raza; en un baby shower lo acusaron de robarse una cartera, en una boda le dieron tantos pescozones que rodó como un aguacate, y en un cumpleaños le brindaron cerveza, bocadillos y bizcochos.
  • En el hospital le marchitó la muerte, como una venganza cruel por sus engañosas travesuras. Los “paracaidistas” o “pica-picas” se disfrazaron de negro por Bollito, quien bajó a la tumba por quererse pasar como un “periodista”.

Por: Oscar López Reyes
oscarlopezperiodista@gmail.com

El Nacional

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