Este lunes, el presidente Luis Abinader, junto a la vicepresidenta Raquel Peña, y otros altos servidores públicos del gobierno, presentaron al país el Plan Nacional de Vacunación, la estrategia que nos permitirá vacunar a 7.8 millones de ciudadanos para detener el avance del Covid-19 y que podamos, en la medida de lo posible, volver a la normalidad luego de un año de pandemia.
Más allá de las críticas naturales al proceso, propias de un país democrático, el momento que vivimos es decisivo y por ende nos convoca a la unidad, a la voluntad de todos los sectores, porque de todos depende el éxito del plan de vacunación, el cual se extenderá por los próximos meses con la llegada de nuevos lotes de vacunas de distintas casas farmacéuticas, con la misma aprobación sanitaria y de alta efectividad.
La noche del lunes 15 de febrero, el mandatario y una comitiva fueron al aeropuerto a recibir las primeras dosis de vacunas Pfizer, de producción hindú, con un poderoso mensaje de esperanza y de que se trataba de una nueva etapa, del principio del fin de la pandemia.
Al día siguiente, a las 7 de la mañana, con los primeros inoculados, inició la campaña de vacunación, y, en una muestra de extraordinaria solidaridad e igualdad, el presidente Abinader optó por no vacunarse y permitir que el personal médico lo hiciera, por entender que son ellos los que están en primera línea de batalla. “Hay un protocolo y somos todos iguales”, sostuvo.
El Plan Nacional de Vacunación implica distribuir 15.6 millones de dosis para inmunizar a 7.8 millones de personas en todo el país en lo que resta de año, una puesta en marcha sin precedentes en la historia reciente, y que contempla un sistema de logística, distribución y manejos de los desechos de este proceso, del cual estaremos siendo parte desde el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y que desde ya auguramos, será ejemplar.
Llama a preocupación que cerca de 4 de cada 10 dominicanos manifieste resistencia a vacunarse. Es preciso señalar que más allá de la millonaria inversión en todo este proceso, que asciende a RD$ 13 mil millones, toda vacuna que ingrese al país para ser administrada tiene sus avales ante las agencias sanitarias del mundo, ante la OMS, y con los respectivos permisos locales de importación. Lograr la ansiada inmunidad de rebaño pasa porque la gran mayoría acceda la inoculación.
Aunque la vacunación no es una obligación, sí es un derecho y un deber, como lo es el votar, porque a través del sufragio elegimos a nuestros representantes del futuro inmediato. Lo mismo ocurre con la vacuna. Al inocularnos apostamos a la superación de la pandemia y al bienestar propio y de nuestros seres queridos.
Por: Orlando Jorge Mera
orlandojorgemera@yahoo.com

