Debido a la depresión económica que comenzó a sentirse en la mayoría de los países del mundo, por los efectos del coronavirus en el turismo, producción industrial y la falta de demandas de bienes y servicios, obligó a que los gobiernos destinaran cuantiosas sumas de dinero en subsidios a trabajadores y créditos empresariales.
Muchos economistas denominaron como «Una avalancha de dólares», la cantidad de dinero que comenzó circular en el mundo desde que comenzó la crisis sanitaria.
Solamente en Estados Unidos, el Gobierno autorizó al Banco Central a imprimir dinero a una velocidad sin precedentes en la historia reciente del coloso del norte.
En Estados Unidos donde tradicionalmente el crecimiento del circulante es un proceso lento y cauteloso, este año la oferta de dinero aumentó un 24%, pasando el volumen de dólares de 15 mil billones en diciembre del 2019 a unos 19 mil billones a principio de este diciembre.
Así que este crecimiento del dinero, que suele ser un proceso lento y constante, se ha desbocado en el 2020.
Ahora vamos al caso nuestro, en algunos países latinoamericanos o caribeños, como República Dominicana, los efectos de esta sobredolarización, que en poco tiempo provocará una hiperinflación, que se notará con fuerza en toda la región.
Sin embargo, hay una corriente económica que plantea la tesis de que como las monedas latinoamericanas por lo general se benefician de la depreciación del dólar, esto reduce la presión sobre sus propias monedas, permitiendo políticas monetarias internas más flexibles y también reduce la carga de la deuda externa dolarizada.
Sin embargo, Como República Dominicana tiene una balanza comercial deficitaria con Estados Unidos, no seremos grandes beneficiarios de esta devaluación de la moneda estadounidense, ya que nuestra economía es más de servicio que de exportación.
Contrario a México, que sus fábricas están muy orientadas al mercado de Estados Unidos. El 70% de sus exportaciones se dirigen a la industria estadounidense, que obviamente se beneficiará enormemente de la debilidad del dólar.
Por: José Antonio Torres
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