Odalis Rosa se convirtió en un reportero gráfico del periodismo político porque estaba consciente que al retratar a Juan Bosch plasmaba un trozo de la historia.
Pero al definirse a sí mismo hablando de las imágenes o anunciando una exposición fotográfica no utilizaba, ni dejaba que otros lo hagan, el término fotógrafo. Se considera artista de la fotografía y antropólogo.
Atraído por las cosas extrañas, ahorraba para ir de vacaciones a Cuba. Nos contaba que una vez llegó a «La isla fascinante», como la describió Juan Bosch, y se acercó a un cajero, pero lo de automático solo estaba en su cerebro, ya que del otro lado escuchó la voz de hombre que le anunció: «Cuántos quieres».
Palpó allá también que un señor fue a una tienda a comprar un televisor blanco y negro y se apareció con toda la familia, ya que se trataba de un acontecimiento.
También de esa realidad convertida en chiste, estando junto a Miguel Ángel Rodríguez hospedado en un hotel de Miami, nos contaba la muchacha cubana que despacha en el bar que, en su país, Cuba, las dificultades llegaban hasta el final de la vida.
Nos narraba que el ataúd lo proporciona burocráticamente el Estado, pero sin sentimientos hacia los deudos, debido a que caja de madera resultaba en la mayoría de los casos o muy grande o demasiada pequeña para el difunto. Hasta hace poco tiempo las informaciones del mundo circulaban en Cuba en viejos cassettes, de radio y televisión, en forma clandestina.
Con Internet y la llegada de los celulares ha pasado lo mismo en Cuba. Ya los cubanos saben que el mundo no es como se lo pintaron por décadas.
Por: Rafael Grullón
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