No hay espacio a interpretaciones, los fallos en el voto electrónico que llevaron a la Junta Central Electoral a “suspender” las elecciones revelan un nivel de negligencia inaceptable por parte de esa entidad que ha tenido meses para la preparación del certamen. Por igual, el oportunismo de los partidos políticos buscando pescar en río revuelto en medio de esta situación es francamente irresponsable.
Pero del fiasco del pasado domingo sí han salido a relucir cosas positivas. El comportamiento de la ciudadanía de a pie, la que sufre las consecuencias de los tropiezos de la JCE y los partidos políticos, ha mostrado estar muy por encima de lo que esta recibe a cambio.
Salvo algunos contados incidentes en algunas mesas electorales, que pudieron ser evitados si la JCE y los partidos políticos hubieran sido transparentes con la situación desde el principio, la ciudadanía ha conservado la calma y ha esperado las informaciones oficiales con la paciencia de un monje tibetano, considerando la gravedad de las circunstancias.
A pesar del bombardeo de teorías de conspiración y declaraciones alarmistas, en su mayoría de fuente de los mismos partidos políticos, la mayoría de los dominicanos ha conservado la calma y continúa sus vidas de forma ordinaria. Algunas protestas pacíficas están empezando a tomar forma, y con razones de sobra, pero nada que implique una alteración del orden y que, salvo que la JCE y los partidos políticos no asuman sus roles con responsabilidad, no lucen que escalen a mayores.
Los dominicanos queremos votar y que nuestros votos sean contados, punto. Ya llegará el momento de establecer responsabilidades por el bochorno del domingo, pero en lo inmediato el proceso electoral debe llegar a su feliz conclusión, no por el bien de la JCE, ni los partidos, sino del país. Entiendo que todos, sin distinción de funciones y banderas, estamos de acuerdo en que el país va primero.
Los eventos del pasado fin de semana deben dar mucha tela por donde cortar por los meses y años por venir. Lo que hoy está claro es que los ciudadanos de esta nación, los dominicanos, tienen una calidad muy por encima de las instituciones que le dirigen y merecen mucho más de lo que hasta ahora se les está ofreciendo. Y es a reflexionar sobre esta realidad a lo que deben abocarse nuestros partidos políticos, es tiempo de que aprendan algunas lecciones de los ciudadanos que buscan gobernar.

