Le llevan soluciones. No van con problemas y tampoco los crean. Atienden a sus seguidores, en los niveles bajos e intermedios, propician un clima favorable a las altas ejecutorias a cargo del jefe del Estado. Son sus brazos y oídos en todas partes.
Reciben las llamadas, mensajes y visitas de la ciudadanía, con particular atención a quienes deben la posición que ostentan. Sin posibilidad de atender a todo el mundo, el Presidente debe sentirse representado en cada servidor público, de la jerarquía que sea.
Presencia manifiesta en las obras públicas de su competencia. Estar ajeno a esta premisa básica constituye una violación a las funciones que justifican su cargo y salario.
Existe la falsa idea de que el Ejecutivo secunda todas las medidas tomadas por los funcionarios, sobre todo cuando quedan mal. Y que, incluso, los mandatos legales emanan de él. De todos modos, es una percepción de cuyos riesgos debe ser eximido. Cuidado, más bien.
El presidente debe sentirse representado
El mandatario necesita más a hombres y mujeres fieles al compromiso asumido que a figurar a su lado, prestos a las fotos y a lisonjas ocasionales.
Despejarle el camino al éxito en cada ejecutoria es una tarea primordial. Tramo que obstaculizan quienes apenas ciñen su agenda de trabajo a los asuntos personales, echando a un lado las necesidades de sus compañeros y la población en general.
Pueden preciarse de ser verdaderos amigos del presidente Abinader quienes trabajen, primero, en beneficio del país y, luego, para lograr el bienestar de todos y cada uno de quienes lo hicieron en conjunto. Crear problemas se entiende en opositores, no en cercanos seguidores.
En la disposición de unidad se fortalece al gobierno de manera inequívoca. Este es el gran abrazo solidario y fiel que el Presidente espera y necesita de todos sus amigos.
Por: Eduardo Álvarez
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