Valorando la certeza
Señor director:
Cuando el Banco Central tomó las previsiones de elevar los tipos de interés bancarios, hubo muchas críticas interesadas, por entender que no eran correctas, no obstante el probado buen juicio que impera en la institución monetaria. Si los resultados económicos refuerzan la autoridad moral de los gobiernos, podemos decir que el Gobierno dominicano goza de esa distinción. Años de crecimiento, cumplimiento de los acuerdos y la supervisión bancaria, es una buena muestra de desempeño, y además, permite que los ciudadanos también puedan hacer balance y tengan la adecuada información, aún el poco conocimiento de economía que posean. Pero han preferido la estabilidad, la seguridad y la disciplina que ha ido imprimiéndole el equipo que lidera el gobernador del Banco.
Uno aprecia ese trabajo en un ambiente reflexivo, pausado y sin prisa, que resulta siempre perentorio.
Valdez es el tipo de funcionario que no anda en busca del impacto publicitario, ni en campañas promocionales políticas ni personales, simplemente, y es una cualidad que también tiene el Presidente, sabe que los problemas de índole económico suelen arreglarse mejor con silencio que con ruido.
Abrumar con cifras para confirmar el aserto, resulta innecesario. Los datos atestiguan que el compromiso se ha cumplido, y no precisamente porque la costumbre sea la de poner buena cara al mal tiempo, sino que nos ha permitido aliviar la carga a los dominicanos, y al Gobierno extender las prestaciones sociales más allá de lo razonable; también que se siga fortaleciendo el crecimiento económico como ideología de progreso, acuñando el eslogan de nobles metas: e´pa´lante que vamos.
Si algunas inflexiones económicas son evidentes, no es por decisiones tercamente tomadas a lo interno, sino como consecuencia de la crisis financiera originada por las hipotecas basuras: bajas recaudaciones, pérdida de empleos, bajas remesas, contención de crédito, aplazamientos de pagos, entre otros. Sin embargo, el alegato político, aunque amainado por el esfuerzo oficial, todavía espera un evento que nos estrague y haga cambiar radicalmente las percepciones de confianza y nos conduzcan a un ajuste rápido e intenso de la estabilidad macroeconómica.
Sin un ápice de responsabilidad, los economicidas opositores son capaces de hacer política catastrosfista aún viviéndose en una fase histórica de competencias compartidas. Les importa un bledo si la concertación social sobrevive al deterioro. Pero la duda siempre viene quedando atrás, pues el Banco Central rebaja las tasas de interés para que la inversión busque posicionarse lo más rápido posible.
Es de reconocerse que sí elevaron cuando el exceso de crédito ponía en apuros los controles inflacionarios, pero esta vez, quizás, sean los deflacionarios los que mandan a la baja para recuperar el consumo y evitarle a las familias las penurias que genera el no poder pagar la hipoteca, el carro y la subsistencia.
Así que, Héctor Valdez Albizu no lo ha tenido fácil. Ha tenido que dar satisfacciones al mercado, ha calmado los ímpetus de banqueros; restringiendo las actividades crediticias y hasta recaudatorias. Era consciente de que iba a ser criticado por su acometida, pero la certeza y no las probabilidades que le animan confirmó que era necesario tomar las medidas que protegen un área tan delicada y políticamente frágil como es la economía.
Las últimas mediciones de moderación inflacionaria avalan la cautela, puesto que las medidas han provocado una ola de optimismo en las fuerzas productivas nacionales.
Es innegable que el alto nivel competencial de este equipo le ha ganado gran independencia que refuerza su autoridad, dotándola de una mayor visión sin temor a las absurdas valoraciones de sus críticos.
Atentamente,
Manuel A. Fermín

