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Sin pecar de chauvinismo debemos subrayar, que cuando se piensa en la calidad literaria de la obra de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, José Vasconselos, Alfonso Reyes, Enrique Anderson Imbert, José Carlos Mariátegui y Ezequiel Martínez Estrada, entre otros muchas más sombras esplendentes, se piensa sin lugar a dudas, en el inmenso humanista dominicano, Pedro Henríquez Ureña, mentor indiscutible de esta pléyade.
La importancia de su papel de orientador y guía, se persibe en testimonios orales y escritos de gran parte de la mentalidad más progresista de nuestra América.
Autores como Eugenio Pucciarelli, Amado Alonso, Diony María Durán Mañaniara, Justino Cornejo, Antonio Fernández Spencer, Aníbal Sánchez Reulet, Marcos A. Morínigo, Soledad Alvarez, Francisco Romero, Mariano Picón Salas, Alfredo A. Roggiano, Alberto Baeza Flores, Mariano Lebrón Saviñón, Agustín Martínez, Federico Henríquez Grateraux, Salomón de la Selva, Emilio Rodríguez Demorizi y sus no menos meritorios hermanos; Max y Camila Henríquez Ureña, reseñan cómo en ellos se simentó la faceta de mentor del escritor de Seis ensayos en busca de nuestra expresión, tornandose en valor simbólico y paradigmático en su decurso creativo e intelectual.
Sábato
Ernesto Sábato (1911), genial escritor, ensayista, físico y pintor aficionado argentino, autor de las sin par novelas El Túnel (1948) y Sobre héroes y tumba (1961), y del Nunca más (1985), mejor conocido como Informe Sábato conmovedora relatoría sobre los desaparecidos en la era funesta del dictador Augusto Pinochet-, subraya en su ensayo; Significado de Pedro Henríquez Ureña (1967), el padrinazgo espiritual y bibliográfico del dominicano, autor de Horas de Estudio (París, 1910).
Borges
Jorge Luis Borges (1899-1986), autor de libros esenciales como Inquisiciones (1925), y El Aleph (1949), nos refiere la lealtad y vocación hacia las bellas artes de nuestro consagrado pensador. Así como la admiración por su profunda sabiduría y generosidad intelectual: De Pedro Henríquez Ureña sé que no era varón de muchas palabras. Su método, como el de todos los maestros genuinos, era indirecto. Bastaba su presencia para la discriminación y el rigor, dice Borges.
Reyes/Vasconcelos
Dos de los más grandes prosistas de América, los mexicanos Alfonso Reyes (1889-1959) y José Vasconcelos (1882-1959), dan cuenta por separado de sus deudas infinitas ante quien consideran: El maestro de América.
Escribe Reyes en su ensayo Evocación de Pedro Henríquez Ureña: No se ha dado educador más legítimo. De él recogí esta máxima: no basta vivir para la educación, hay que sufrir por la educación. No sólo predicaba, no, ¡eso era lo menos! Sino que intervenía y colaboraba (…) La historia de la literatura no tuvo secretos para él. Su memoria, untada de colodión, revelaba a punto los fragmentos de prosa y verso; y junto a los rasgos inmortales, las más arcanas noticias, los más minuciosos relieves del humano festín poético. Se lo hojeaba como a viviente enciclopedia; se le consultaba como a consejero intachable en todos los trances del oficio. Se usaba y se abusaba de su incansable solicitud y esto era su mayor júbilo.
Mientras que Vansconcelos reflexiona: Sus primeros éxitos de mentor los tuvo entre los que, no sabiendo leer en inglés ignoraban del todo la literatura inglesa. Por entonces teníamos todos muy descuidada la literatura española. A Pedro le debimos enterarnos de algunos nombres que, si bien desde el punto de vista universal, son de segunda, sin embargo bastaban por el momento para devolvernos el orgullo español.
Imbert/Krauze
Por su parte, el norteamericano Enrique Anderson Imbert (1910-2000), alumno estudioso y antólogo de Henríquez Ureña, resalta la versatilidad y enjundia de su obra, así como su deslumbrante personalidad intelectual y don de gente: Muertes como ésta nos dejan desamparados porque él fue como un padre. Pertenecía a la estirpe americana de patriarcas Bello, Hostos- que fueron legando a una larga descendencia la tradición-discípulo (…) hacía el bien casi sin advertirlo. Era, en verdad, un educador de pueblos.
Enrique Krauze (1947), destaca su magisterio en México, Argentina, Cuba, Chile, Venezuela y Estados Unidos.

