República Dominicana posee autoridad moral para oponerse a una posible intervención militar de Estados Unidos en Venezuela porque ha padecido dos veces ese atropello contra su soberanía, que en la primera ocasión precedió a una tiranía de 31 años y en la otra a un periodo de ingobernabilidad y crímenes políticos.
La crisis política e institucional que agobia a esa nación sudamericana se agravaría aún más con la receta que ha dejado entrever el presidente Donald Trump, que sería como pretender sofocar un incendio con gasolina, además de provocar una crisis política y económica con ribetes inimaginables a nivel mundial.
Las invasiones estadounidenses a Vietnam, Santo Domingo e Irak no representaron solución o salida a ninguno de los problemas planteados por Washington, por lo que constituyeron profundos fracasos militares y políticos, cuyas consecuencias fueron peores que lo que se intentó remediar.
La sola alusión de aplicar la opción militar en Venezuela mencionada por el presidente Trump ha motivado que tanto el gobierno de Nicolás Maduro como la oposición política rechacen con toda vehemencia que Estados Unidos viole la soberanía venezolana.
Alguien debería recordarle a Trump que El Salvador y Nicaragua padecieron guerras civiles que se prolongaron por más de un decenio, con saldos de miles de muertos y destrucción de sus economías, pero ambos conflictos se zanjaron por vía de un ejercicio dialogante arduo y continuo.
La Venezuela de hoy no es Granada de 1983, la diminuta isla del Caribe, ni la Panamá de 1989, los últimos territorios objeto de intervención militar estadounidense en la región; una invasión a Caracas provocaría una conflagración larga y cruenta y encendería las praderas en Sudamérica.
Aunque parezca una quimera, el mundo civilizado está compelido a rechazar o desalentar el despropósito que el presidente Trump ha aludido como posible alternativa para derrocar al gobierno del presidente Maduro, porque no solo constituiría una flagrante violación a la soberanía venezolana, sino que también desataría a los mil demonios.
El Gobierno dominicano ha actuado con gran sentido de oportunidad y con mayor calidad moral al rechazar toda posibilidad de que desde Washington se motorice la descabellada idea de patrocinar una intervención militar contra la patria de Bolívar.

