Reportajes

Los patriotas se impusieron por la cohesión  en torno a un ideal

Los patriotas se impusieron por la cohesión  en torno a un ideal

POR RAFAEL P. RODRIGUEZ
El Nacional
¿Qué fue lo que hizo que un reducido grupo de patriotas latinoamericanos y dominicanos triunfaran en las empresas liberadoras que ellos se impusieron en el siglo XIX contra adversidades inmensas y difíciles, en las condiciones más precarias?

Múltiples factores dignos de dilucidación preceden a esta inquieta interrogación.

Uno de ellos es la cohesión en torno a un ideal tan elevado como riesgoso y complejo.

Tenían esas iniciativas que contar con seres excepcionales como Simón Bolívar, cuya educación esmerada nace de un Andrés Bello; José Martí, que no carecía de profundidad de mira y de valor, como de amor por su tierra, y Juan Pablo Duarte, que se fue a diseñar su proyecto de nación, lleno de luz, en las exigentes academias europeas. Las palabras no pueden describir las noches de insomnio, las discusiones infinitas entre los conspiradores, la incomprensión militante de los adversarios internos, apátridas, esclavistas, instrumentos del poder extranjero, que se confabulaban con los interventores para abortar el ideal patriótico,

El líder debía poseer una profunda imaginación, un conocimiento no superficial de los anhelos de sus pueblos, una determinación más que espartana pues no se trataba sólo de combatir, condiciones de liderazgo indiscutible, y una honradez indoblegable.

A esos atributos se adicionaba el cuidado en la escogencia de los ciudadanos que debían acompañarle.

No podía haber delatores, no debía haber flojos ni deshonestos ni indisciplinados.

Encontrar personas de esas condiciones no era menos difícil que irse a la Manigua a decidir el futuro de la patria en potencia.

Baste adicionar a estos problemas logísticos que afectan asimismo sentimientos, apegos y debilidades varias, el hecho de la ausencia de infraestructuras mínimas para ejercer, por ejemplo, el movimiento de tropas a pie o a caballo.

Venir al Cibao se tomaba mínimamente una semana, recorrer todo el país, meses.

En caso de alguna emergencia, había que actuar con premura en situaciones de hostilidad territorial manifiesta.

Atravesar un río, que ahora es completamente irrelevante, era todavía entrado el siglo XX en República Dominicana difícil en caso de que estuviera lloviendo de manera constante.

En algunos casos había que esperar por tres y cuatro días a que mínimamente bajaran las aguas si no es que aumentaban aún más su caudal las corrientes.

La honradez personal era otra cuestión que llamaba a no ser cuestión del azar.

Un informe de la campaña de Duarte en el Sur detalla hasta el último centavo gastado y devuelto aquél dinero que no se utilizó.

Todo era minucioso, cuidadoso, ampliamente desmenuzado de modo que, sin que todavía se usara la palabra corrupción, que hoy es moneda corriente, tanto como la corrupción misma, nadie dudara de un manejo pulcro.

En muchos casos, los patriotas, Duarte se colocó como ejemplo, vendieron sus magras propiedades para darle el resultado económico a la patria, con un desprendimiento inmenso.

Esos sacrificios ni siquiera se discutían a fondo. Todos debían aportar su esfuerzo personal aún fuera con lo mínimo que tuvieran además de no tomarse ni siquiera una vianda no autorizada.

Además, el enemigo no podía tomar cualquier debilidad del grupo trinitario, por ejemplo, como pretexto para sabotear el trabajo redentor.

Hoy estas formas de comportamiento se toman por anacrónicas. Se dirige el patriotismo ocasional como un circo más.

Se gastan fortunas en celebraciones que no tienen sentimientos verdaderos, se arriendan incluso los cuerpos.

Aquel sentido del rigor, que era severo de verdad, no podía conllevar el fracaso político o militar ni del pueblo.

Hubo, finalmente, un cuidado enorme de procurarse el entusiasmo de ese pueblo que padecía lo indecible en medio de la ocupación tiránica.

Sin su colaboración, pese a sus graves sufrimientos y privaciones todo esfuerzo, por brillante que fuese, hubiera abortado.

El Nacional

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