De los funcionarios de este Gobierno, que apenas lleva dos meses y tres días, la que más ruido ha producido ha sido la ministra de la Juventud, Kimberly Taveras, una joven de 34 años de edad que asombró a la sociedad al declarar una fortuna de 74 millones de pesos.
El Gobierno ha dejado que se defienda sola, aunque desde el Palacio Nacional deben estar abogando por su renuncia, a fin de detener el ruido provocado. En este caso, al parecer la licencia por sí sola no bastaría.
Es posible que la funcionaria pueda demostrar que sus bienes son lícitos, y ojalá así sea, pero sin dudas los ruidos que el caso está generando en la sociedad en nada benefician al Gobierno, más cuando el jefe del Estado repite con insistencia de revestir de transparencia su gestión gubernamental.
La funcionara dijo a los medios de comunicación que la decisión de su licencia era personal y apartada de todo lo re¬lacionado al Gobierno, lo cual no puede ser verdad, porque cuando decisión de un funcionario público hay que relacionarla con el cargo.
Así ha sido desde el origen del Estado y así será por siempre, sin embargo hay que reconocer que ha sido un acto de valentía mantenerse en el cargo sobre vientos y mareas.
También el presidente Abinader ha demostrado confianza extrema manteniéndola en la posición, aunque sería un duro golpe para el Gobierno sacrificar a uno de sus generales cuando siquiera comienza la primera batalla.
Sin embargo, la funcionaria debe tener cuidado en responsabilizar a la prensa por el mal momento que está pasando porque los medios sólo cumplen con el papel de vigilar con conducta de sus funcionarios. Solo eso.
En su encuentro con la prensa explicó que su estado de salud no era bueno y que en el entorno familiar sentía presión e incluso trató de hablar de sus éxitos profesional.
“Desde que yo me formé como estudiante, he trabajado para esto. Mi formación fue parte de ello”, manifestó la funcionaria ante los medios de comunicación. Realmente es una emprendedora exitosa con un cerebro privilegiado.
Miles de jóvenes profesionales dominicanos con igual o mayor formación académica que ella no han logrado ese nivel de éxito, pero dice el pueblo que: «Al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga».
Por: José Antonio Torres
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