Opinión

Luisín Mejía

Luisín Mejía

Comprendiendo la frase de Orison Marden, cuando dijo que “el éxito es hijo seguro de la perseverancia y firmeza en el trabajo”, quiero referirme a un banilejo de pura cepa, gladiador purificado en complejas vertientes de la vida que ha labrado un nombre a través de su accionar, recorriendo caminos, carreteras y veredas junto a la estampa de sus realizaciones.

 Aunque no necesita escritos ni reconocimientos, me refiero al licenciado Luis Mejía Oviedo, prole distinguido de nuestro ilustre amigo, jurisconsulto y ciudadano ejemplar, doctor Luis Mejía, y su honorable esposa, hermano entrañable de mi también amigo, el doctor Henry Mejía, solidario y quien sí sabe aquilatar la gratitud humana.

Cauteloso, pragmático, inteligente, sencillo, respetable, de verbo fácil y alado, personalidad impresionante, Luisín es uno de los titanes deportivos de la República, a través de un largo y exitoso historial. Un fervoroso maestro de la comunicación social cuyas opiniones se enervan de fluidez y talento, logrados a base de constancia, estudios, tenacidad y loables esfuerzos.

Este hombre joven adquiere desde hace tiempo ribete y fama a nivel nacional e internacional, porque su consagración a las inquietudes de juvenal, al olimpismo que concita alegría, fuerza creadora, lo hacen acreedor, y ello sin aires lisonjeros, de ostentar un sitial de honor en tal concierto.

Maestro de la exquisitez cervantina, al escuchar su verbo estremece multitudes, junto al idealismo de sus convicciones, transmitiendo mensajes esperanzadores, señalando senderos en la diversidad de su intelecto sabiduría y vivencias.

 Luisín es buen conocedor de las normas protocolares y la etiqueta, exigente en el ritual de la puntualidad, y lo hemos visto limitar sus intervenciones floridas, porque, como exige el protocolo, es obligatorio participar al expositor, antes de estar en la programación, haciendo muy bien recientemente, y  conversé con un muy admirado amigo sobre este tema, y pienso  que Luisín pudo tal vez percibir parte de mis inquietudes.

 Luisín sabe establecer objetivos, logrando apoyo, distribuir en función al ritmo biológico, sustentar una firme energía física, acrisolar las actividades en el cumplimiento del deber que le da paz interior, y es un alma pura que evidencia su pureza conceptualizando su trajinar en un diseño, comprensible en sí mismo.

¡Gran alegría que dos colosos y estrellas del deporte, máximas autoridades en sus respectivas funciones, Felipe Yey Payano, y Luisín Mejía, futuros  inmortales, miembros del Salón de la Fama, continuarán unificados, en un haz de sentimientos, ya que jamás piensan, como Alejandro Magno, considerado un corredor a nivel olímpico,  quien rechazó participar en unos juegos, a menos que no tuviera reyes con los que competir!

El espíritu es el hombre, pedazo del universo, refería Emerson. ¡Adelante Luisín, presidente del Comité Olímpico Dominicano y tribuno de elevada sensibilidad nacionalista!

El Nacional

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