Murió recientemente el puertorriqueño Héctor El Macho Camacho, al recibir varios disparos, en un hecho relacionado al narcotráfico. Fue campeón de boxeo y se destacó en la década de los 90 por su depurada técnica pugilística.
Aunque no tenía pegada, llegó a ganarle a dos leyendas de esa disciplina deportiva, Como Roberto Durán y Sugar Ray Leonard. Naturalmente, ambos se hallaban envejecientes y en decadencia. De Julio César Chávez y Oscar de la Hoya, Macho Camacho recibió palizas.
El fenecido púgil tenía un estilo parlanchín. Solía subir al cuadrilátero con pantalones tipo falda y en el pelo se dejaba una colita en la frente y otra en la nuca. Hablaba inglés y se burlaba de los boxeadores latinos que no dominaban ese idioma, a los que calificaba de analfabetos.
Macho Camacho se suma a una larga lista de boxeadores que han perdido la vida en acontecimientos trágicos, tales como accidentes de tránsito y otros hechos de sangre. Es una forma de morir tal y como vivieron, marcado por la violencia. Dice Théophile Gautier: La violencia llama a la violencia
La enorme cantidad de boxeadores que han muerto en hechos violentos, debía de ser tema de investigación de especialistas de la conducta humana. No conozco estudios en ese sentido ni la publicación de algún libro que aborde la situación.
Como amante de los deportes y de sus ídolos, observo que la mayoría de los antiguos jugadores de béisbol y baloncesto llevan una vida más organizada y regularmente mueren de forma natural, a una edad por encima del promedio. No ocurre así con los boxeadores. De todos modos, paz a los restos del Macho Camacho.

