No fue casualidad que esta cinta del director Sthepane Brizé fuera la seleccionada para abrir el Festival Orange-Fine Art´s de Cine Francés. No fue obra del azar o de las prisas del montaje de esta muestra de cine galo que ha permitido tener a disposición de pantalla grande una muestra fílmica para la emoción y la memoria.
La primera escena es de antología: aquellos dos padres a los que su hijo les pide ayuda para responder una interrogante de la dinámica moderna de la gramática, procurando el complemento directo de una oración, generando una sarcástica situación desorientación cuasi irresponsable de papá y mamá frente a las tareas escolares. Disfrutable y graciosa la desubicación gramatical de la familia en los nuevos tiempos de la gramática, una que ellos nunca conocieron en la escuela.
Mademoiselle Chambon es un poema al amor llegado a destiempo, un gesto inclinado en incoordinación con lo que debió ser antes y un desmadejar la relación (que casi ni erótica llega a ser ) motivada entre dos seres laboral y culturalmente distintos (un albañil construcción de casas y una profesora de violín, instrumento que toca muy bien en la realidad) para proclamar al final la previsible vacilación masculina ante los nuevos caminos y retos del afecto.
La dirección de Brizé se regodea en dibujar con precisa perspectiva, ondeando entre dos seres a los que unirá la belleza de la música clásica como primera aproximación sucesiva el tipo de película en la cual el amor de vías alternativas hace estremecer las simientes sentimentales para ratificar la larga y honda tradición francesa cuando de amor se trata.
