El 28 de julio, fecha simbólica en que el comandante Hugo Chávez, cumpliría 70 años, deberán llevarse a cabo las elecciones en la República Bolivariana de Venezuela.
Lo cierto es que el presidente Nicolás Maduro, ha violado los derechos políticos de sus opositores en las narices de los organismos internacionales. Primeramente, inhabilitó a María Corina Machado, líder indiscutible de la oposición, y como si eso fuera poco, también evita burdamente la inscripción de su sustituta: Corina Yoris, académica de 80 años, que encarna las aspiraciones de Corina Machado y la mayoría del pueblo venezolano.
La pregunta es única y demoledora: ¿Para qué sirvieron los acuerdos de Barbados que en apariencia daban garantías electorales y derechos políticos a los opositores del régimen venezolano? ¿Para qué ha servido el Parlamento Europeo? ¿Y dónde está la famosa OEA, de infausta recordación para los dominicanos? ¿Y qué pasa con el grupo IDEA, de los expresidentes democráticos? ¿Y dónde estará la ONU, que tanto cacarea sobre los derechos humanos?.
Yo pienso que la comunidad internacional no necesita más pruebas de todas las violaciones a los derechos políticos que cometen el presidente Nicolás Maduro y sus aliados. Estoy convencido de que ya no se trata de denunciar los atropellos que diariamente se cometen en la patria de Simón Bolívar.
El momento exige una deslegitimación del régimen madurista y una actitud más fuerte y decidida de países como: Brasil, Colombia, Chile, México, Argentina y algunos países europeos que no terminan de definir su postura ante violaciones censurables de las autoridades venezolanas.
La comunidad internacional espera un cambio de actitud de los Estados Unidos ante Venezuela, luego de que amainara sus sanciones, en espera de un cambio de actitud de Maduro que nunca llegó.
Muy bien lo expresó la valiente Corina Machado: ‘’ Decir la verdad no es violencia’’, y la verdad es, que Nicolás Maduro se sostiene por las prebendas que da a sus altos mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Esa es la verdad.
Por: Ramón Rodríguez
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