El pasado domingo se conmemoró el Día de las Madres en nuestro país, de todas, las que tienen sus hijos e hijas, y las que no los tienen, pero cuidan y aman a los de otras mujeres.
Las que eligieron la maternidad libremente y las que, también libremente, no la eligieron, pero van por el mundo dando amor y ternura a quien la necesite.
Las que cuidan a sus mayores, las que asisten, aman y respetan. En fin, el día de todas las dominicanas que son referentes positivo de tantos niños, niñas, adolescentes, jóvenes de cuyo cuidado escolar se ocupan. El día de tantas mujeres que, aún no hayan alumbrado, son madres.
Este año especialmente, el festejo a la maternidad como orgullo y designio de la más noble función de las mujeres, se desmitifica más, y los telones de la ignorancia, tradición patriarcal, consumismo capitalista, que consideran la maternidad –sea esta como sea- un valor mítico, van cayendo un poco más.
Ya lo dijeron las latinoamericanas rebeladas: “Ser madre es un derecho y no una obligación”; “Mujer no es sinónimo de madre”; “Maternidades libres y decididas”; y “La maternidad será deseada o no será”, como refería el 10 de mayo pasado Dalia Suazo, en su artículo “La maternidad será deseada, elegida, voluntaria, informada, colectiva, o no será”, publicada por ZonaDocs.
La pandemia del coronavirus nos mostró descarnadamente la absurda imposición de la maternidad como falso valor cuando no se asienta en la libertad de elegirla, de saber el momento en que el cuerpo, espacio y tiempo, la permiten, y se vio la pobreza de las mujeres jóvenes y su maternidad abandonada.
Dice la Organización Internacional del Trabajo, OIT, que, los y las jóvenes entre 15 y 24 años serán el sector más golpeado por la crisis económica derivada de la pandemia, “la generación confinada” sufrirá los estragos económicos al menos por una década.
De acuerdo a la OIT, una persona de cada seis jóvenes en el mundo, ha perdido su empleo desde el comienzo de la pandemia y a quienes siguen laborando se les redujeron en un 23% sus horas de trabajo. Una generación marcada por el coronavirus.
El cierre de los centros educacionales, traerá retraso y hasta deserción escolar y junto a la caída de los empleos, que ya era precaria, vulnera el desarrollo de esta población etaria de adolescentes y jóvenes, que es la más afectada.
Aunque estén en política tradicionalmente ejercida, es bueno que se piense en la seriedad de la maternidad ahora, más que nunca, asociada a la pobreza.
POR: Susi Pola
susipola@gmail.com

