Opinión

Matrimonio sin divorcio

Matrimonio sin divorcio

Una vez, mi viejo amigo  Hipólito Mejía, refiriéndose al problema de Haití,  lo calificó como un matrimonio sin divorcio.  Felicito a todos los que de una u otra forma han logrado juramentar al nuevo gobierno de Martelly y con promesas de cambio y aclamado por miles de haitianos, así como representaciones de la comunidad de naciones, así como el presidente Leonel Fernández, el primer presidente que asiste acompañado de una comisión integrada con el canciller y nuestro embajador  en Haití. También estuvieron  el expresidente  norteamericano Bill Clinton, representación de la ONU y docenas de delegaciones de la comunidad de naciones.

El nuevo presidente prometió cumplir sus promesas a favor de la juventud, de devolver el orden,  organizar el desarrollo, y enseñanza gratuita. Nos llamó la atención el entusiasmo del nuevo presidente haitiano, una persona a quien no se le conocían aptitudes políticas, aunque, sí cultiva la música que en el fondo quien la realiza tiene sentimiento y ello preludia amor a la gente, a su pueblo; lo demás se puede lograr, que es indispensable en política, con una buena asistencia, asesoramiento y cuidado absoluto en el manejo de los sagrados intereses y recursos de su pueblo.

Resulto muy original destacar los lazos que nos vinculan, como lo hizo el presidente Fernández, el primer jefe de Estado que llegó sin aviso previo el día de la tragedia del terremoto. También abogó por reactivar la comisión Mixta Bilateral para tratar temas como  medio ambiente, migración y comercio. Nos sentimos optimistas al ver como se han iniciado las cosas allí y ojalá los  esfuerzos que hemos venido haciendo junto al presidente Fernández sigan manteniéndose ya que la comunidad de países ha sido  lenta, inclusive los que se comprometieron a aportar ayuda ante el terremoto, el cólera y los huracanes.

Siempre he sido  promotor y defensor en ayuda al vecino país, hasta el extremo de que cuando salió Aristide del gobierno fue a quejarse a las Naciones Unidas. Yo era, a la sazón, embajador encargado de la Misión dominicana y la gente de Aristide rompieron hasta butacas en dicho Salón de la ONU, dijo la prensa. Cuando el mundo esperaba la reacción dominicana, señalada como partícipe de su salida,  cuando me correspondió hablar, días después, lo único que expuse al respecto fue pedir ayuda urgente a la comunidad internacional a favor de aquel  país. Nunca olvidaré aquello, así como el defensor que siempre fui en todos los cónclaves mundiales, y fueron docenas de veces. ¿Por qué? Fui  apoyado por el presidente Balaguer, y por otro lado, he sido siempre creyente de esa política para con aquel pueblo y su mercado, para comercializar con reglas claras. Así actúan los países libres y soberanos como somos.

El Nacional

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