El concepto democracia, en su estructura etimológica griega: demos-pueblo (bases, masas, etc.) / kratos-autoridad (gobierno, soberanía, etc.), se niega a sí mismo; en tanto el significado de los elementos constitutivos de la palabra, en cada acepción, deviene abstracto e intangible.
Sin pretensiones filosóficas, entiendo que es obvia la utopía, por lo irracional de una aspiración intencionalmente demagógica.
Pienso que esa negación intrínseca del liberalismo, genera la irresponsabilidad política que nutre al populacho veleidoso y oportunista; causa de grandes aberraciones. Afrenta que aún se pretenda justificar el acto inicuo de Pilato alegando que obedeció al deseo de la mayoría que aún propugna la democracia.
Con la franqueza que me es propia, confieso que nunca entenderé que se deje a la mayoría ignorante, siempre apremiada por el hambre y otras carencias, la elección de los que están supuestos a procurarles un destino más promisorio, en tanto se les permite a los dueños del dinero manipular en favor de sus intereses.
El líder y heredero natural del Partido Reformista, es el ingeniero Carlos Morales Troncoso. Nadie se puede llamar a engaño; lo de 1996, fue coyuntural. Su estirpe presidencial (Carlos Morales Languasco y don Pipí Troncoso) la reafirma él mismo al ocupar la vice-presidencia de la República en dos períodos (1986-1994), junto a Balaguer, fundador de la organización.
Conocí a Carlos Morales en medio de las vicisitudes ocasionadas por el huracán David en La Romana, donde concentró gran parte de su poder meteórico. Con capa y sombrero impermeables, se mantuvo al frente de los operativos de prevención y de socorro, como uno más. El era presidente de la Guf+Western, y yo Director General de Radio Rutas. Aunque lo traté en momentos difíciles, pude observar su hombría de bien. No es justo que se le regatee lo que, en dote o por dotes, se le debe reconocer.
Los dirigentes reformistas empecinados en las primarias, deben asimilar la experiencia que recién legó el PRD. Abocarse a proclamar a don Carlos en Asamblea extraordinaria, es lo más sensato.
Luego, unidos alrededor de él, con la elección o confirmación consensuada de los Secretarios general y de organización, ya no se hablaría del ave, sino del Gallo Fénix que resurgiría airoso de sus propias intrigas y mezquindades. Para todo lo demás, existe el plebiscito… A lo Miguelito.

