MADRID, 10 Oct 2014 AFP. – El temor crecía en el mundo por la propagación del virus del ébola y se reforzaban las medidas para evitar una pandemia, mientras este viernes en Madrid una técnica sanitaria, primera infectada fuera de África, luchaba por su vida. Teresa Romero, auxiliar de enfermería de 44 años que había trabajado con los dos misioneros españoles repatriados de África en agosto y septiembre, se encontraba «estable dentro de la gravedad», informó una portavoz del hospital madrileño La Paz-Carlos III.
El jueves por la noche otras siete personas que estuvieron en contacto con ella o con el religioso fallecido en el hospital el 25 de septiembre fueron ingresadas voluntariamente por precaución pese a no presentar síntomas de una enfermedad que ya mató a casi 3.900 personas, la inmensa mayoría en África. Desde principios de año la epidemia ha hecho estragos en el oeste de ese continente, especialmente en Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry.
En este último país el principal centro de tratamiento de Médicos Sin Fronteras está cerca de la «saturación» y en Liberia el personal de salud emprendió el viernes un paro para reclamar primas de riesgo, dado que una gran parte de las contaminaciones se produce entre los sanitarios.
«Cualquier persona que haya estado en contacto con un enfermo de ébola está inquieta porque no puedes saber si algo ha ido mal», decía a la AFP en Madrid una enfermera que trabajó con el primer misionero repatriado el 7 de agosto. «Lo único que puedes hacer es esperar los 21 días para estar tranquila, son 21 días de incertidumbre en los que no sabes ni si darle un beso a tus niños», decía una de sus compañeras, en alusión al tiempo máximo de incubación.
Según Elvira González, del sindicato de técnicos de enfermería, «ha habido muchas renuncias» entre el personal de La Paz-Carlos III por temor. Una información que no confirman ni el hospital ni el ministerio de Sanidad. Pero el miedo se extendía más allá de los efectivos médicos. «La gente dice: ‘el problema no es que yo me proteja, es que si un compañero se contamina nos va a contaminar a todos'», explicaba Roberto Tornamira, representante de los servicios de limpieza en el sindicato FeS UGT de Madrid.
El miedo se propaga
Esta psicosis parecía propagarse por el mundo. Así, en un suburbio de París un edificio público fue totalmente cerrado durante una hora y media el jueves por una falsa alarma después que un joven africano, llegado de Guinea el 1 de octubre, se sintiese mal. Y Londres decidió reforzar las pruebas de ébola en sus dos aeropuertos y el terminal del tren de alta velocidad procedente del continente europeo. En Nueva York, unos 200 empleados de la limpieza en los aviones se declararon brevemente en huelga en el aeropuerto de La Guardia el miércoles, preocupados por los riesgos que pudiesen correr. La ciudad lanzó una campaña masiva de formación de todo el personal que pueda entrar en contacto con los enfermos. Y los telefonistas del 911, el número de emergencias, aprendieron a hacer las preguntas pertinentes para reconocer eventuales contaminados.
En Brasil, un hombre guineano de 47 años, que llegó el 19 de septiembre procedente de Conakry fue internado el jueves en una localidad del Estado de Paraná, en el sur del país, tras presentar fiebre. Conforme al protocolo, debía ser trasladado al Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas de Rio de Janeiro. Al igual que en México, que decidió vigilar los puntos de tránsito de emigrantes en su frontera con Estados Unidos, la migración clandestina preocupaba también en Nicaragua. Su gobierno decidió aplicar medidas de protección tanto en puertos y aeropuertos como en puntos de tránsito de indocumentados de camino a Estados Unidos.
Mientras tanto España esperaba el anuncio por su gobierno de medidas concretas contra el virus. De momento, la ministra de Sanidad, Ana Mato, anunció que se revisarán los protocolos para evitar que se repitan casos como el de Teresa Romero, bajando por ejemplo el nivel de fiebre a partir del cual se desata la alerta. Este viernes debía reunirse con miembros de las 17 regiones del país, responsables de gestionar los servicios de salud pública. Por su parte, la policía española advertía contra las falsedades sobre el contagio de ébola cada vez más frecuentes en las redes sociales. España. AFP

