Ganó Javier Milei en Argentina. Tendrá a partir del 10 de diciembre una legalidad incuestionable y una precaria legitimidad que le dificultará la gobernabilidad, pues si bien es cierto que su coalición ‘’ La Libertad Avanza’’ logró más de 14 millones de votos, el peronista Sergio Massa de ‘’Unión por la Patria, obtuvo más de 11 millones de votos.
Javier Milei no tiene espacio para la locura. El pueblo argentino no votó por razones ideológicas. Votó por el derecho a comer y en situaciones extremas, para que haya más comidas disponibles en los zafacones. Milei tendrá que ponerse el traje de estadista, pues con bravuconadas no resolverá su desventaja colosal en el Congreso de la Nación Argentina.
El nuevo presidente ya no dependerá de la videopolítica que le dio muy buenos resultados en las masas argentinas. Ahora le llegó el momento de reducir la pobreza y elevar el nivel de vida de sus compatriotas. Pronto lo veremos de las manos con China, Rusia, Corea del Norte, Venezuela o cualquier otro país que le ofrezca mayores niveles de gobernabilidad.
o tiene más opciones y sus asesores y aliados lo saben.
Milei está sentado sobre un barril de pólvora. Debe tener conciencia de que, en un buen porcentaje, obtuvo una gran cantidad de votos peronistas y kirchneristas, pues insisto: los argentinos votaron con la esperanza de salir de una de las mayores crisis económicas de su historia.
Como una espada de Damocles, Milei tendrá la figura del juicio político, como una amenaza constante, dado su baja incidencia en el poder legislativo. Deberá ser: astuto como las serpientes y sencillo como las palomas. La crisis política de 2001, que provocó la renuncia de Fernando de la Rúa, permanece en la mentalidad del pueblo argentino. Fue una frustración de tal magnitud, que los hijos de la patria del Libertador José de San Martin y el maestro y presidente Faustino Sarmiento, pidieron a gritos: ‘’ que se vayan todos’’.
Argentina se juega quizás, su última ficha de salvación.
Ramón Rodríguez
centrodeidiomaswashington@gmail.com

