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Militares y corrupción

Militares y corrupción

La existencia del fenómeno de la corrupción dentro de las filas de la policía y los militares no es cosa de ahora.

Parece que ese engendro del mal, a todas luces corruptivo, resulta difícil de erradicar de las instituciones públicas dominicanas. Es como si la ambición de enriquecimiento ilícito cegara a los protagonistas en medio de un escenario burlesco y maldito rechazado por la inmensa mayoría de la población.

Después de la muerte de Trujillo, y con el advenimiento del profesor Juan Bosch al Palacio Nacional, los militares continuaron con sus acciones inmorales de enriquecerse a costa de los fondos públicos. Para nada les interesaba la ética y mucho menos la transparencia. De hecho, tuvo el presidente Bosch que llamar a esos jefes militares para convencerlos de la importancia patriótica de la necesidad de abandonar y dejar atrás esas malas prácticas deshonrosas y de que comenzaran a actuar en defensa de los mejores intereses de la Nación.

Definitivamente que los que estamos presenciando hoy día tiene sus raíces en el pasado. La cultura de la corrupción parece estar enquistada dentro de la piel de algunos hombres y mujeres los cuales parecen no temer a las condenas de la sociedad civil o eclesiástica y de su núcleo familiar; mucho menos de la institución en la que rinden, supuestamente, un servicio decoroso, ni en el qué dirán de la familia extendida, amigos y demás.

En esta lucha contra la corrupción y a favor de la ética y la transparencia en las instituciones pertenecientes al Estado dominicano no puede haber impunidad que sirva de cómplice oculta detrás del telón. No importan que sean civiles o militares. A todos aquellos que se les compruebe que han cometido actos de corrupción en el desempeño de sus funciones están obligados a cargar con sus pecados.

Por;: Oquendo Medina

oquendomedina@hotmail.com

El Nacional

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