Regresaba de México, vía Miami y allí vi, entre un grupo de funcionarios a la espera, a un joven que se hizo notorio al inicio del gobierno por provocar la renuncia de un funcionario asumido como serio. Luego lo encontré sentado en primera clase con su laptop y la cabeza agachada, y sentí compasión, no desprecio, por un muchacho que para triunfar había adoptado los comportamientos que asumía representativos del poder.
Por eso no me sorprenden las denuncias contra el Ministerio de la Juventud ,por parte de un grupo de jóvenes y su supuesto énfasis en viajes de capacitación, eufemismo con el que se ha definido siempre el turismo subvencionado por el Estado.
Creo que la auditoria que reclaman los denunciantes pondrá en evidencia la validez o invalidez de la denuncia y el mecanismo evaluador es simple:
1.-Cuantas actividades ha realizado el Ministerio con jóvenes?
2.-Tipo de capacitación impartida por regiones
3.-Resultados de las capacitaciones: número de jóvenes empleados por el sector privado o público, por ejemplo, o rescatados de las drogas.
4.-Campañas contra la drogadicción; VIH y enfermedades de origen sexual; el embarazo en adolescentes; contra la tuberculosis; de planificación familiar.
5.-Programas de educación cívica y patriótica; de fomento de la lectura.
6.-Programas de alfabetización rural, de promoción de los deportes.
7.-Campañas de difusión e información sobre los programas a nivel nacional, vía internet, radio y televisión.
8.-Número de responsables por área de acción, y existencia de una unidad de evaluación y seguimiento que retroalimente mensualmente a la dirección.
9.-Correlacion entre gastos administrativos y gastos programáticos.
10.-Existencia mecanismos medición de impacto.
Si no existen estos programas es necesario apoyar su creación dotando al Ministerio de un Consejo de Asesores que se reúna trimestralmente con él o la joven ministro/a, conformado por los Ministerios de Salud, Mujer, Educación, Cultura, Hogares Crea, Dirección Nacional de Drogas, Iglesias Evangélicas, Comunidades de Base de la Iglesia Católica, Juntas de Vecinos, y desde luego la Policía Nacional.
¿Nos horrorizamos de que la Policía siga ejecutando en promedio a un joven por día (321 el año pasado)? ¿Y de que su unidad de enfermos mentales escupa y patee los cadáveres? No le reclamemos a la Policía lo que no asumimos como colectivo nacional: la orientación, educación y cuidado de la población mayoritaria del país: la juventud.

