Sentía una gran admiración por el comandante Eloy Gutiérrez Menoyo desde los días gloriosos en que combatía la dictadura del general Batista. Lo vi bajar triunfante con sus guerrilleros del ll Frente del Escambrai junto a las milicias del 26 de julio, comandadas por el Che Guevara en la toma de La Habana. Era enero de 1956.
Seis años después, en 1965, entró clandestinamente a Santo Domingo distanciado de Fidel Castro por haber traicionado los ideales de la Revolución. El hombre considerado originalmente el tercero en la jerarquía revolucionaria, ahora encabezaba la disidencia rebelde que montó trinchera en Miami contra el Castro-Comunismo, con el apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). El Alpha 66, al mando del comandante Gutiérrez Menoyo, organizó una base de entrenamiento guerrillero en Punta Presidente, Manzanillo, Montecristi.
Llegué a Punta Presidente una tarde de marzo de 1965, acompañado de mi padre espiritual, el jesuita gallego Jaime Seixa, párroco de Loma de Cabrera. Él daba hospitalidad en su parroquia a un joven sacerdote cubano apellido Mendía y me convidó a una entrevista secreta con el Comandante Eloy, exclusiva para Listín Diario, que yo representaba en la provincia.
Confieso que no tenía capacidad intelectual para enfrentarme al personaje y que el esquema de la entrevista fue orientado por los referidos sacerdotes. Claro, yo sabía que el hermano de Eloy, Carlos Gutiérrez Menoyo, caído intentando matar a Batista en el asalto presidencial de 1956, había formado parte en la frustrada expedición militar anti-trujillista de Cayo Confites en 1947, y refiriendo esta relación impresioné gratamente a mi anfitrión, al encontrarlo en la dura fajina de su preparación militar entre las guasábaras y cactus de la costa camaronera de Punta Presidente, entre las miradas desconfiadas de los entrenadores norteamericanos responsables del campamento, había allí también, combatientes haitianos antiduvalieristas que se entrenaban para incursionar en Haití.
Fui duro con el entrevistado al preguntarle ¿no le teme usted a la historia, pasar como un contrarrevolucionario que se opone a una revolución que reparte la tierra, expropia los latifundios y monopolios extranjeros y establece la justicia social, después que usted contribuyó a esa obra?.
Confieso que al pasar el tiempo no puedo reconstruir a la perfección mi diálogo con el comandante, pero recuerdo que defendió su autenticidad revolucionaria al afirmar que esas conquistas de la revolución eran irreversibles, que su ruptura con Fidel Castro era porque había traicionado la esencia humanista de la revolución llevando al paredón de fusilamiento a hombres de la talla del ministro de Reforma Agraria Sori Marín, delatando un sistema dictatorial stalinista.
Gutiérrez Menoyo y el fusilado comandante William Morgan habían participado en un trato aventurero con el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina en 1960, recibiendo un buque lleno de armas en el municipio Trinidad, que se levantaría contra la revolución, lo que originó el fusilamiento de Morgan, mientras que Menoyo y Fidel Castro hicieron presa la embarcación burlando al dictador.
Me atreví a pedirle que aclarara ese incidente y me respondió: ¿No está claro chico?, el que ha cambiado es Fidel y no yo. ¿Quién traicionó esos ideales?.
Días después, Gutiérrez Menoyo desembarcó en el Oriente cubano encabezando un comando y luego de días fue presentado en la televisión tras haber sido apresado por tropas de las milicias territoriales, admirando la capacidad de respuesta militar del gobierno, su popularidad y apoyo de la población como elementos fundamentales de su fracaso militar, como si se tratara de una autocrítica de un combatiente que asistía a una guerra equivocada.
Como mi compromiso era publicar la entrevista después del desembarco, me dirigí a la Capital a entregarle el palo noticioso al director de Listín Diario, Don Rafael Herrera, quien al revisar el trabajo me felicitó preguntándome: ¿Quién te lo corrigió?. Me quedé en silencio medio avergonzado el veterano maestro señaló: Ese es tu secreto profesional, ¡esta es una gran entrevista!. Y sin perder el tiempo sacó un cable de la agencia France Press conteniendo el juicio revolucionario al que sería sometido Gutiérrez Menoyo.
Me explicó que este hombre está al borde del paredón de fusilamiento y si nosotros publicamos las verdades que dice de Castro, agravamos su desgracia.
Efectivamente, Gutiérrez Menoyo fue condenado a 30 años de prisión, de los cuales cumplió 21 y en 1986 le fue condonada la pena a petición de Felipe González ante Fidel Castro, saliendo destino a Miami donde estaban sus viejos camaradas, a comenzar de nuevo a organizar la emigración con una concepción revolucionaria de cambio sin odios ni rencores, por la unidad de la familia cubana, un objetivo de poca compresión en una sociedad traumatizada por la permanencia de un régimen político que no tiene fin.
Su discurso de diálogo y cambio tuvo eco en La Habana tras la caída del muro de Berlín, viajando a Cuba a compartir propuesta con Fidel Castro por la Reconciliación Nacional.
Fervoroso en su credo, salió a Madrid a predicar el apostolado. Como yo me encontraba allí exiliado salí al encuentro del comandante, 27 años después de nuestra anulada entrevista.
El regreso a Cuba
En un acto celebrado en Casa América, identificándome como periodista, me introduje: Es más altruista dialogar por la unidad de la familia cubana, que combatir con las armas en las manos en las guasábaras de Punta Presidente. ¿Me recuerda, comandante?. A lo que me respondió: Oye chico, ¿quién eres? Cuando se lo dije, ceremonialmente abrió los brazos y me dijo: Quien ama a Cuba es mi amigo, estrechándome un abrazo como dos viejos exiliados. En aquel abrazo definía su decisión de volver a la patria para quedarse hasta siempre, así lo hizo en el 2003 al entregar su pasaporte americano y salir hacia Cuba a trabajar desde dentro por el cambio y la reconciliación, misión interrumpida por un aneurisma que le causó la muerte a los 76 años. Vivió, peleó y amó a Cuba, la tierra de sus amores, donde quería y debía de estar hasta la eternidad.

