El Movimiento de Izquierda Unida (MIU), al conmemorarse hoy el 25 aniversario de la caída del muro de Berlín pide a las naciones no hacerse de oídos sordos y acatar las declaraciones del papa Francisco.
El Papa de indudable autoridad moral entre creyentes y no creyentes de todo el mundo, acaba de hacer unas declaraciones que ojala encuentren oídos receptivos entre los obcecados promotores de la construcción de un muro en la frontera dominico-haitiana.
En ocasión de conmemorarse el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín, surgido como consecuencias de los enfrentamientos y las tensiones geopolíticas de la Guerra Fría, el Papa ha definido, con una frase afortunada, todo lo que de obsoleto, inútil y contraproducente representan los muros en las sociedades humanas.
“Donde hay muros, hay corazones cerrados: hacen falta puentes, no muros”
Esta sentencia papal encierra, en tan breve formulación, la experiencia de siglos de conflictos entre pueblos y naciones y el paso de las políticas de exclusión, desconfianza y represión medievales, a las de coexistencia pacífica, los intercambios y la buena voluntad moderna. Todo muro se levanta más con miedo y odio, que con ladrillo o bloques. Son, por naturaleza, fuente de conflictos, jamás de soluciones.
En otras declaraciones, motivadas por el mismo suceso histórico, el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, ha hecho también un llamado similar al del Papa, al declarar que “…apostamos por un mundo sin muros entre los pueblos,… construyendo a nuestra América Latina como zona de paz, de progreso, de hermandad, sin muros, ni barreras…”
Lamentablemente, con la caída del Muro de Berlín no todos los corazones humanos se abrieron. Existen grupos políticos y gobiernos que siguen reeditando los mismos errores del pasado. En la frontera entre México y Estados Unidos; en el Sahara Occidental; en la zona que delimita a Cisjordania palestina del Estado sionista, a contrapelo del clamor universal y las enseñanzas de la historia, se siguen levantando muros, lo cual, dicho sea de paso, constituye en lucrativo negocio parasitario para empresas de seguridad norteamericanas e israelíes.
Esperemos que los muy dominicanos y católicos promotores de la barbarie y el ayer, que encarnaría el muro que se pretende levantar para separar a dos pueblos caribeños, recapaciten ante las sabias y mesuradas palabras del Papa Francisco y las hagan suyas.
Más que por el dogma de la infalibilidad papal, Francisco debe ser escuchado y acatado por el humanismo, la experiencia histórica y la prédica de la paz y la solidaridad que lo caracteriza. No hacerlo abultaría la lista de quienes en nuestro país, de manera mayoritaria y pública, rechazamos, por principios, los proyectos turbios y desafortunados de estos albañiles de la infamia y arquitectos de las confrontaciones.

