El previsible acuerdo entre los partidos de la Liberación (PLD) y Revolucionario (PRD) para aprobar la reforma constitucional y la ley de partidos políticos puede servir de modelo para un nuevo tipo de cohabitación partidaria que ayude a impulsar el anhelado proyecto de nación.
Viscerales pugnas que han enrarecido el debate político parecen dar paso a una acción de concertación entre Gobierno y Oposición basada en promover puntos esenciales de la agenda nacional.
Un primer acuerdo político entre el presidente Leonel Fernández y el ingeniero Miguel Vargas Maldonado, quien aun no ostentaba la presidencia del PRD, para evitar el colapso del proyecto de modificación constitucional, podría definirse como iniciativa precursora de lo que sería una forma más novedosa y responsable de ejercer la actividad política.
En ningún modo se aspira a que el convenio PRD-PLD para impulsar reformas en la Carta Magna y aprobar una ley de partidos, conlleve a la instauración de un oligopolio partidario basado en la aplicación de mayoría mecánica.
El partido oficial y el principal de oposición poseen, sin embargo, capacidad y calidad para promover, mediante un modelo de concertación tan amplio como sea posible, un proyecto de nación que unifique coincidencias en torno a la necesidad de impulsar programas en sectores básicos como salud, educación, vivienda, agua, medio ambiente, seguridad ciudadana y migración.
El mundo está repleto de ejemplos de acuerdos a largo plazo, políticos, sociales y económicos entre partidos, gremios, academias y sociedad civil, por lo que compete al PLD y PRD desbrozar caminos hacia ese anhelado escenario.
En estos tiempos de apertura y globalización, no hay espacio para burdas formas de sectarismo político, porque el mundo de hoy marcha sobre ruedas de concertación y de opciones de desarrollo y convivencia basados en el principio de unidad en la diversidad.
Los aplausos, por tanto, van dirigidos al PRD y al PLD.

