Editorial

Monte Grande

Monte Grande

De tanto hablarse de la presa de Monte Grande, en Barahona, se pensaba que la obra estaba en ejecución. Pero grande ha sido la sorpresa al saberse que ni siquiera el financiamiento y el costo de la obra están definidos.

El alerta del antiguo director del Instituto de Recursos Hidráulicos (Indrhi), ingeniero Leandro Guzmán, sobre el valor e importancia de un proyecto que cumpliría múltiples funciones y que es fital para el Suroeste, ha motivado, sin embargo, una respuesta del Gobierno.

De acuerdo con el director del Indrhi, licenciado Héctor Rodríguez Pimentel, la obra será asignada en 10 días a una de las empresas que participaron en la licitación para su construcción. Sin embargo, el funcionario deja en el aire importantes aspectos técnicos y financieros.

Lo que no está en discusión es que para una zona tan rezagada como el Suroeste, la presa, prometida en campaña por el presidente Leonel Fernández y demás candidatos, sería como una bendición. Reduciría el riesgo de  comunidades vulnerables a las inundaciones y contribuiría con el suministro de electricidad y regadío de predios agrícolas.

Al anunciar que por lo menos será adjudicada  próximamente el Gobierno envía un aliento de esperanza a los sectores que por año han luchado por la construcción de Monte Grande. Para evitar inconvenientes que puedan surgir de conflictos legales se espera, como dijo el director del Indrhi, que se cumplan todos los requisitos legales.

La garantía del Indrhi luce un tanto vaga por la ausencia de detalles técnicos y financieros, pero de todas formas se trata de un nuevo compromiso. Las propias autoridades reconocen que Monte Grande es, como han planteado varios expertos en la materia, una necesidad impostergable.

 Por los muchos beneficios que llevará a una región plagada de necesidades es obvio que la obra no puede esperar más. Barahona, Vicente Noble, Tamayo, Jaquimeyes y otras comunidades que han sido víctimas de inundaciones necesitan de infraestructuras como la presa, que las protejan de las amenazas del río Yaque del Sur.

Más demoras, por cualesquiera sean las razones, podría ser considerada una burla a la suerte de una región que ha cifrado sus esperanzas en el importante proyecto.

El Nacional

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